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¿Qué significa “ser verde”?

10 de octubre de 2013

¿Qué es ser verde, aparte de tener más de setenta años y mirar colegialas con la baba colgando? Natalie Bennett, del Partido Verde de Inglaterra y Gales aporta muchas pistas en sus interesantes reflexiones en The Ecologist sobre “Qué hace a una buena sociedad”.

Forest_on_Barro_Colorado_Christian ZieglerAntes de extraer las bonitas palabras de esta activista te hablo a ti, lector sudamericano; no sabemos cómo funcionará el movimiento verde al otro lado del charco, aquí en la “madre patria”, bastante disgregado y poco ruidoso. La primera vez que fui a votar, allá por el año 1887… o quizá un poco antes, me topé con un montón de papeletas marcadas con nombres como “Verdes Progresistas”, “Verdes Ecologistas”, “Verdes auténticos” o “Verde Hulk”. Puede que alguno me lo haya inventado, pero te prometo que había como cinco o seis partidos “ecologistas” presentándose cada uno por su cuenta. Como había demasiadas opciones casi idénticas, y era joven, imberbe y aneuronado, voté a quien no debía. Si recuerdas la primera vez que escogiste pareja (mal, por supuesto) y te patearon el corazón, sabrás a lo que me refiero.

Actualmente asoman algunas propuestas políticas, demasiado tímidas, así que quizá los países latinos, con eso de tener la sangre caliente y ser proclives al caos vital y las repúblicas bananeras (aquí somos más bananeros que nadie), jamás tengamos una apuesta seria y estable, así que al menos nos podemos quedar con la individualidad de pensamiento, que sumada puede llevar a cambios notables como colectivo. Aquí hemos seleccionado y traducido algunas de las partes más interesantes y universales del artículo, que dejan muy claro en qué consiste (o debería consistir) ser “verde”. 🙂

El estudio y cuidado del suelo, como ejemplo de acciones de proximidad: “Hace treinta años, cuando estaba estudiando la ciencia del suelo, había poca conciencia (…), los suelos eran un tema para los químicos. Creo en el ejemplo de los rígidos límites de nuestro entendimiento siempre que algún defensor de ojos brillantes de geoingeniería aparece con un gran plan para resolver el cambio climático mediante la implantación de espejos reflectores espaciales, o limaduras de hierro en los océanos, como si la Tierra fuera una máquina predecible.”

Por qué ser “verde”: “Las motivaciones humanas son ricas y complejas, pero creo que una cosa que une (…) es la comprensión de que las cosas no pueden seguir como están, que nuestro modelo económico, ambiental y social se ha roto. La globalización, el neoliberalismo, la externalización, la privatización (serían necesario tres planetas para vivir), los motores de la toma de decisiones, promesas  y esperanzas políticas en las últimas décadas nos han puesto en el camino a la destrucción. No pueden seguir en sus propios términos; la economía ha fallado y no puede continuar así en materia medioambiental: el planeta no puede soportar el peso constante del exceso, de los residuos, de la destrucción.”.

Lógica, productos de consumo y moda: “No queremos un mundo en el que demos un paso atrás, sustituyendo la comodidad con sufrimiento, y los hogares con cuevas. Pero no necesitamos un nuevo teléfono móvil, que contiene minerales arrancados, terriblemente caros, de la tierra en el Congo cada dos años, cuando se puede actualizar simplemente el software cada seis meses, o conectar un nuevo chip de silicio cada pocos años. Y en lugar de comprar una camiseta de “moda semanal” hecha en una peligrosa fábrica de Bangladesh (la descartaremos un par de semanas más tarde), se puede optar por comprar una esmerada camisa local con tela de alta calidad, que durará años.”.

Vida laboral y vida real: “(…) nosotros como individuos, debemos reestructurar nuestra vida laboral, por lo que en lugar de pasar horas miserables en el trayecto, podamos hacer un corto paseo a pie o en bicicleta al trabajo. Debemos reemplazar el desalentador ‘presentismo’ de la oficina actual, los contratos de cero horas y la esclavitud de los “Call-center”, con trabajo decente con el que poder construir una vida futura, y en el que se pueda sentir que estás haciendo algo que vale la pena, siendo valorados.

 Y la calidad de vida también es vital. En lugar de nuestra cultura con un largo horario de trabajo (…) deberíamos estar pensando en reducir el trabajo (…) gradualmente hacia una semana laboral estándar muy atractiva de 21 horas. Como Caroline Lucas dice, nadie se encuentra en su lecho de muerte, diciendo: “Me hubiera gustado haber pasado más tiempo en la oficina.”.

 

 

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Cinco dónuts y café con sacarina

15 de noviembre de 2012

La conocí en un vending, de nombre extranjero. La encontré con bollos, al atardecer. Era oronda y rubia, como barril de cerveza. En su voz amarga había la tristeza doliente y cansada del comelotó

 Y recuerdo sus palabras, sí, que el tiempo ha ordenado en mi cabeza con lirismo ridículo, invadiendo la letra de la copla Tatuaje:

Mira el café edulcorado

y estas lorzas de mujer.

La genética me lo ha dado

y eso que soy “de no comer”.

La grasa llegó, y se ha instalado

vaya, ¿qué le voy a hacer?

Si yo soy de huesos anchos

¡Es la maldición de ser mujer!

Aquella muchacha, con un grave problema de sobrepeso, se citaba cada mes con el endocrino. Y con la bolsa de patatas fritas, cada dos horas. Seguía una dieta estricta en la que no mezclaba productos sanos y comida basura, porque no comía productos sanos. Si se llevaba el tupper a la oficina con algo vegetal, procuraba dejarlo de lado (las acelgas, contaba, le engordaban). Comía con bebida “para deportistas” y repetía postre. Era devota del evangelio según san Sacarino, patrón de las excusas tontas: “Y devorarás en abundancia los frutos de grasas saturadas, si me bendices en tu café”. Discutir con ella sobre salud era perder el tiempo, por mucho que explicaras que una cucharada de azúcar contenía 20 calorías y una bebida isotónica, 90. Según decía, suspirando, era fuerte porque sus padres (tan anchos como altos) le habían transmitido un estigma genético. Y así era, pero se trataba de otra maldición, la del “yo no he sido”: “Comerás del árbol del bien, del mal, del regular, del McDonalds y de cualquier ser vivo que yazca en freidora. Tu pecado serán los cromosomas” (Sacarino 9.90, libro de los filibusteros).

Dejando de lado la historia anterior (¡real!), estos son datos serios de la OMS: “Cada año fallecen por lo menos 2,8 millones de personas adultas como consecuencia del sobrepeso o la obesidad. Además, el 44% de la carga de diabetes, el 23% de la carga de cardiopatías isquémicas y entre el 7% y el 41% de la carga de algunos cánceres son atribuibles al sobrepeso y la obesidad.”

En días de mango africano, cápsulas de alcachofa, danacoles y otros productos “milagrosos”, es momento de recordar que para mantenerse en forma hay que comer menos, mejor y, a ser posible, de modo natural y con abundancia de vegetales. Para los no vegetarianos cabe recordar que las carnes de calidad -con moderación-, son buenas para la salud; lo malo es la botella de vino, el chupito y las horas posteriores frente a la televisión. Sí, menos velas a san Sacarino.

Artículo sobre nutrición muy interesante en The Ecologist. Está escrito en inglés pero (para seguidores de san Sacarino) Google tiene un botón traductor. 😉

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¡Negocio a la vista, llegan los nuevos gangsters del CO2!

26 de enero de 2011

2008, el año que empezaba -ya lo decía Nostradamus- en 2 y acababa en 8, el banco mundial se sacó de la manga REDD (Reducción de Emisiones Provocadas por Deforestación y Degradación). Entonces algunos dijeron “Uy, no sé… a lo mejor algún espabilao se aprovecha y hace negocio…”. No les hicieron mucho caso y les regalaron un chapita de “Manu Chao por Chiapas a ritmo de chachachá”, que aburre y redunda al mismo tiempo.

The Ecologist ahora lo vuelve a dejar caer aunque lo comenta en el tono ambiguo de Gila (“alguien ha matado a alguien”). Resulta, cooliflowerenses, que las Naciones Unidas paga para que los bosques se conserven sí o sí, así que más de uno compra o expropia un bosque y gana dinero… por portarse bien. Básicamente, algunos aprendices de gangster (Shell, no queremos mirar a nadie) cobran por adueñarse de un vergel y no cargarse los árboles, el equivalente amazónico a recibir pasta por no partirle las piernas al tío Peppino.

Si Capone levantara la Cabeza (con el tamaño del almendruco -vaya melonar- tardaría un buen rato), se iría de cabeza a los bosques tropicales; allí todo queda en familia.

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The Ecologist: 10 consejos readaptados

24 de junio de 2010

1970: El mundo era un gigantesco pantalón de campana y muchas personas, sólo proyectos de espermatozoide.

Flower-Power_Bus_wikipediaEspaña aún estaba atrapada en las fauces de una dictadura, sobreviviendo entre silenciadas revueltas estudiantiles con la esperanza depositada, a plazo fijo y alto interés, en un futuro mejor. Casi se percibía el efluvio de la anhelada libertad, el perfume del pensamiento libre… En fin, me sale la vena poética porque el sol entra por la ventana y me he comido un cruasán con chocolate… me vuelvo a situar: En 1970, allá donde la moqueta era un símbolo nacional y el ritual del té se heredaba genéticamente, nacía el periódico The Ecologist. Fue el lugar donde airear artículos que no tenían cabida en otros medios más “serios”. El buen juicio que otorga la edad, hizo madurar el espíritu de este periódico británico, consolidándose como una referencia pionera, apolítica e independiente, sobre el joven movimiento verde… Y así creció. Hasta hoy, con la obligada transformación en formato digital, pasando por el oligárquico aro internetal.

Como muchos de vosotros sabréis (o no), el Reino Unido se ha propuesto muy seriamente alcanzar cero emisiones algún día… de momento, las quieren reducir un 20% para el 2020, lo que no está nada mal. En The Ecologist, explican los diez pasos necesarios para lograrlo, y nosotros, como buenos españoles, los plagiamos… perdón, nos inspiramos en sus ideas y las traducimos a la realidad ibérica. Cuando termine el mundial, las vacaciones, la reforma del empleo y otras formas de meter goles por la escuadra, esperamos que algún ministro se inspire en (ejém) nuestras ideas seudo-británicas…

 

1 – Aislamiento: No, no se trata de aislar en una celda a los que más contaminen, aunque no falten Dish_Stirling_Systems_of_SBP_in_Spainganas. El ahorro energético empieza por un buen aislamiento en los hogares; en el caso de los hogares españoles, tanto del frío como del calor. Se evita el uso continuo de calefacción en invierno y aire acondicionado en verano.

 

2 – Vientos marinos: El problema de plagiar… digo de inspirarse, es es que no siempre la traducción es adecuada (veánse los planes de estudio españoles). No tenemos los vientos marinos británicos, de otro modo, el turismo huiría a lugares más acogedores, pero aún así podemos aprovechar esta energía renovable… u otras. ¿No somos uno de los países del mundo con más horas de sol? ¿Sustituimos suecas por placas solares en Benidorm o colocamos paneles en los tejados?

 

3 – Reducir el número de vacas y ovejas: No tenemos el número de vacas y ovejas del Reino Unido, toro_lowa no ser que hablemos en sentido figurado… pero por aquí, sí que abundan las granjas de cerdos (figurados o no). Que se me perdone la expresión, pero esto es cierto: Los pedos contaminan. El metano que desprenden los animales no favorece la capa de ozono. ¿Alternativas? Transformar los purines en biocomustible y reducir el consumo de carne al mínimo. Aunque parezca mentira, ser vegetariano (o no demasiado carnívoro) ayuda a la atmósfera.

 

4 – Autobuses de hidrógeno y coches eléctricos: La emisión de CO2 se reduciría a la mitad… pero ¿algún político se decide a fomentar su uso real con precios realmente asequibles para los usuarios? ¿Hay eco-inteligencia en el congreso de los diputados? ¿Hola? ¡Probando, probando! ¡Eco, ecooooo…!

 

5 – Apostar por los trenes: Nos repetimos mucho… pero la pura verdad siempre es redundante: ¡volar contamina mucho, muchísimo! ¡Vivan los trenes de alta velocidad! (y mejor si no son demasiado caros).

 

6 – Reducir (drásticamente) los vuelos: Léase el punto anterior.

 

7 – Biocombustibles: Si petroleras y gobiernos deciden, finalmente, no timarnos con el tocomocho de los biocombustibles, pueden ser una buena y barata solución.

 

8 – Tasas de contaminación y carbono: Directa o indirectamente, tanto contaminas, tanto pagas. Si television-verde_lowel producto final que consumes ha necesitado mucha emisión de CO2, pasa por caja, campeón/campeona. El medioambiente es cosa de todos, y la responsabilidad, como consumidor, también.

 

9 – Reducir las importaciones de comida: Nos embarga la sensación de que la entrada a la CEE fue el timo de la estampita… y crece el sentimiento de fomentar la agricultura autóctona. Ajusta costes, facilita el empleo y reduce CO2.

 

10 – Buena e inteligente publicidad que conciencie: Cooliflowerense, ¿Cuantos anuncios sobre medio ambiente has visto en televisión? ¿Y cuantos de coches? ¿Y sobre la selección española…? Say no more…

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