La estrella fluorescente de Belén

27 de noviembre de 2009

Se acercan las Navidades. Lo sabemos porque el sesenta por ciento de los anuncios son sobre colonias con voces en off hablando raro; lo más parecido a un film en versión original en televisión antes de las dos de la mañana. Por eso en España cualquier que-pasa-nen sabe que “eau” se pronuncia “o”.

Estrellas NasaHay otros indicadores claros de que se acerca la Navidad: Tu vecino, al que no te gusta dar la espalda porque guarda un picahielos en el bolsillo, sonríe de vez en cuando, e incluso saluda. Te regalan una cesta de Navidad con botellas de vino añejo sin madurar, vino joven añejo, dátiles (¿¿Por qué dátiles??) y una botella de brandy con nombre de militar que le regalas a tu padre. En todas las casas tienen una bandejita con turrón, mazapán, polvorones… Cualquier cosa que contenga su peso en azúcar. Los diabéticos se sienten tan sitiados como el reno Rudolf en una convención de cazadores. Luego están las cenas de empresa, con el aliciente de aprovechar el momento etílico para ligar con el tío/tía bueno/a de rigor, y la alegría de poder chantajear con Youtube al jefe que baila I will survive con la corbata en la cabeza.

Sí, hay cientos de indicadores pero mejor me planto aquí antes de que me fichen como monologuista cutre. Lo que más nos llama la atención en Cooliflower es la cantidad de luces que inundan las calles y cómo se suman a la contaminación lumínica diaria. Es raro, ¿quizá algunos ediles intentan paliar su falta de luces con luminosidad externa?.

Lo seguro es que el gasto energético es inmenso pero hay ejemplos no del todo negativos (leer noticia aquí). Por nuestra parte proponemos desconectar tanto ornamento artificial para volver a mirar el cielo estrellado. Así, en silencio, captaremos el espíritu original navideño a años luz de la siniestramente brillante Cortilandia.

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