La vuvuzela y el mundial de Sudáfrica

21 de junio de 2010

En 1994 finalizaba oficialmente el vergonzoso apartheid. Se celebraban las primeras elecciones en las que la mayoría negra tenía derecho a voto. Sudáfrica, vislumbraba un nuevo horizonte en el que todas las etnias disfrutarían de los mismo derechos y deberes sobre papel, un papel mojado por la pegajosa codicia de colonos y nuevos ricos.

Sudáfrica Copa del mundo CooliflowerCompartir el mismo autobús o bañarse en la misma playa, no mide la verdadera igualdad porque la equidad social se mide en dígitos. El reparto que equilibra un hábitat humano, es puramente económico. Hoy por hoy, el 80% de la superficie cultivable sigue perteneciendo a la minoría blanca -el 79,5% de la población es negra-. Sudáfrica, un precioso país rico en parques naturales y materias primas, es uno de los lugares del mundo con más desigualdad social y mayor criminalidad, como rápidamente comprobaron, cañón en la sien, los periodistas que fueron desvalijados antes siquiera de poder escribir su primera crónica.

Quizá por ello, en un territorio con casi seis millones de seropositivos, 50 asesinatos por día y la mitad de la población bajo el umbral de la pobreza, el contraste con el brillo mundialista sea irónico: se anuncian mejoras energéticas y ecológicas, camisetas anti-transpirantes y recicladas… Se comentan tanto el avanzado -y criticado- balón ultra-ligero como las carísimas construcciones que minimizan el uso de energía. A cambio, apenas trascienden las manifestaciones en guetos que claman por una taza de váter. Las estridentes vuvuzelas acallan la inversión millonaria en imponentes estadios, paraísos deportivos a los que jamás podrá acceder la mayor parte de la población, desterrada por falta de recursos económicos fuera del edén futbolístico.

La ecología humana, está pues, como mínimo, en entredicho y la ecología básica, la de cifras puras, polución impura o pura demagogia, anuncia que este mundial es 6 veces más contaminante que la anterior copa del mundo de Alemania. Los numerosos vuelos han sido el factor determinante en las 2.753.251 toneladas de CO2 que se están emitiendo a la atmósfera. No hay camiseta reciclada que compense tanta “transpiración”.

Y esta noche, hablando de fútbol, juega nuestra selección y deseamos por siempre, para siempre, éticamente, dentro y fuera de la cancha, con toda la bondad del mundo y en cualquier ámbito de la vida que gane el mejor.

¡Un abrazo de comienzo de semana! 🙂

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