Gone With The Wind

12 de noviembre de 2009

El pasado día 8 de noviembre, aún con la legaña puesta, descubrimos una noticia tan extraña que había que leerla dos veces para creerla. Las centrales eólicas españolas, debido a la tempestad que estaba afectando al país, habían producido por si solas más de la mitad de la energía total nacional, sobrepasando incluso a las todopoderosas centrales nucleares.

Don quijote DoreFue un auténtico soplo de aire fresco (me refiero a la noticia, el vendaval fue algo más que un soplo), pero con tintes irreales, primero, porque a Dios gracias no todos los días tenemos tempestades, de otro modo el único turismo posible sería el escatológico de María Sarmiento. Segundo, porque la gran asignatura pendiente de la energía eólica no es la producción, sino la acumulación. ¿Qué ocurre con los excedentes?.

La energía eólica presenta grandes ventajas y algunos inconvenientes, sobre todo de índole técnico. Los molinos del Quijote, en cuanto a diseño básico y a falta de que algún ingeniero nos parta las piernas, no se diferenciaban demasiado de las turbinas actuales. Hace ya unos años fui sorprendido con un genial invento español (link) que creí cambiaría el concepto de energía eólica. Recuerdo pensar -como sólo ocurre con las grandes ideas- “¡Esto es muy sencillo, maldita sea!, ¿Cómo no se me ha ocurrido a mí?”. El concepto era una turbina horizontal que aprovechaba cualquier corriente de aire, por mínima o monstruosa que fuera. El aparato en cuestión apenas hacía “daño a la vista” y era respetuoso con la fauna. Era un invento fantástico, tan ingenioso que lo veía transformando el panorama internacional. Ya imaginaba cada casa con el tejado cubierto con placas solares y uno de estos molin… Perdón, aerogeneradores. Con todo ese poder combinado, decíamos adiós a la dependencia energética… Pero como el motor de agua, el coche eléctrico y mi paso por la NBA, todo quedó en un sueño. ¿Qué demonios ocurrió? Quizá con vuestra ayuda y el boca a boca (o mail a mail) podamos reavivar sueños como el de la autosuficiencia energética (el de la NBA no, ya estoy mayor y jamás llegaré al 1,80).

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