El héroe del millón de árboles

30 de marzo de 2010

De regreso a su país natal, Gashaw Tahir se encontró un panorama desolador. El paisaje que recordaba, las verdes colinas de su niñez, estaban desapareciendo. Por efecto de la deforestación, la erosión (VER ENLACE) aniquilaba el ecosistema y la tierra fértil moría. Gashaw, abatido, pensó: “quizá se pueda hacer algo…” y de aquel pensamiento, como una pequeña semilla regada con cariño, terminó brotando un bosque.

 

El héroe del millón de árboles había trabajado a ritmo vegetal, con calma y persistencia clorofílica. En primer lugar, había pedido un pequeño terreno para empezar a plantar; después, había concienciado a algunos jóvenes, que pronto fueron cientos de personas. En un año, se habían plantado 500.000 semillas que debían ser distribuidas… Los milagros, cuando andan escasos de ayuda divina, suelen necesitar apoyos exteriores, a ser posible, gubernativos, y el estado etíope obró “el milagro”: impulsó a Gashaw y el pequeño terreno fue ampliado a cerca de 45 millones de metros cuadrados. Tras el trabajo conjunto, las imágenes hablan por sí solas; el millón de árboles es ahora una realidad, la hierba vuelve a crecer, la deforestación se ha frenado y las especies autóctonas viven en un hogar restaurado.

 Sobre Gashaw, se podría decir que es un Batman de nuestros tiempos. Lo que diferencia al enmascarado de Gotham de la pléyade de justicieros de aspecto excéntrico es su falta de poderes. El hombre murciélago no viene de un planeta lejano, ninguna araña radioactiva le ha picado y se puede torcer un tobillo… En el fondo, todos podemos ser un poco Batman, pero nos ha dado por otras diversiones menos arriesgadas (a ver quién es el valiente que se pone antifaz y mallas ajustadas en el centro de Barcelona a las doce de la noche). Al héroe del millón de árboles podemos imitarle todos, con convicción, como la comprometida comunidad de Nueva York con el apasionante Million Trees (VER AQUÍ) o incluso nosotros, con nuestro proyecto para compensar CO2.

Para cambiar el mundo, cooliflowerenses, el único poder mágico que se necesita es el de la superación -aunque no esté de más una capa mágica administrativa-.

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