Manu Chao Car

2 de diciembre de 2009

Una de las primeras cosas que te enseñan en el colegio -o quizá una de las pocas cosas que no se olvidan- es que la energía ni se crea ni se destruye, sólo se transforma. La energía cambia de estado, se mueve, se transforma en luz, en movimiento, en calor, en michelines…

Manu ChaoBajo el capó de un automóvil se esconde un instrumento de gran ineficacia energética. Amiga/o, da igual que adores tu moderno coche, soy malvado y te quitaré la venda de los ojos: Te están tomando el pelo. Oculto bajo pantallitas y “bips” electrónicos hay una antigualla por muchos caballos que tenga. Tu tesoro de cuatro ruedas se podría llevar el primer premio a la inutilidad; si fuera un trabajador, ya estaría en la cola del paro por bajo rendimiento. El motor de explosión de tu trasto es una reliquia inventada hace doscientos años que produce -siendo benevolentes- menos del 20% de energía aprovechable. El resto es calor totalmente inútil.

Nos interesa, y mucho, este despilfarro porque el futuro a corto plazo de la lucha contra el calentamiento global está supeditada al ahora; el tiempo se agota demasiado rápido y necesitamos alternativas imaginativas que encaucen la energía. La nanotecnología (tecnología de lo diminuto, no tecnología valenciana) está creando materiales termoeléctricos que transforman calor en energía eficiente. Y ya que el término “fusión” se propaga como una gripe de rastas y bongos, va siendo hora de que el mercado del automóvil aplique esta “fusión” al servicio de la humanidad sin que tengamos que vender un riñón para poder disfrutarlo. Cambiamos música machacona por transportes que aprovechan el potencial del mestizaje.

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