Sedna

16 de septiembre de 2010

Fue antes de hundirme

cuando me peinaba con mis propias manos.

Los hombres me admiraban sin temor (es Sedna la bella, la de largos cabellos).

Aún respiraba y disfrutaba del crujido de mis pasos sobre la nieve.

Imaginaba al hombre que alimentase mis sueños. Entonces me reflejaba en el mar, el mar que fue espejo y ahora es cárcel.

Fue antes de hundirme, con mis recuerdos a salvo del salitre,

cuando llegó la noche del hombre embozado.

Vestía un elegante abrigo de plumas y mi padre me entregó a él en matrimonio.

Mi esposo se reveló como un cuervo disfrazado de humano.

Me arrastró hasta un agujero y me alimentó con pescado podrido.

Mis gritos cabalgaron las llanuras heladas y llegaron hasta mi padre.

Fue antes de hundirme cuando vino a rescatarme en su kayak.

El gigantesco cuervo nos persiguió y agitó las olas para que nos engullesen.

Mi padre olvidó su amor y me lanzó al agua para no morir; “¡es tuya, no me hagas daño!”, decía,

y golpeaba con su remo mis manos que intentaban, en vano, subirme de nuevo a bordo. Los dedos, congelados, se quebraron.

Entonces, sí, me hundí.

Y de los pedazos de mis manos nacieron las ballenas

y las focas

y todos los mamíferos marinos.

Y desde entonces soy un espíritu de las profundidades.

Los inuit me agradecen los alimentos que les ofrezco.

Los hombres aprendieron a valorar a las mujeres.

Los chamanes me amansan peinando delicadamente las aguas.

No me tengáis pena, no lloro; las lágrimas son inútiles bajo el mar.

(Adaptación de una leyenda inuit de la que existen decenas de versiones. La cultura inuit, que poco a poco va desapareciendo, era un ejemplo de respeto total por el medio ambiente).

Para saber más: Inuit

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