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Negavatio: menos energía, más eficiencia

10 de julio de 2011

Siempre nos han enseñado a medir la rentabilidad basada en el consumo, ¿qué ocurre con el ahorro por eficiencia?

Si te compras unas zapatillas marca ACME, presumes de lo poco que gastas (¡Un chollo!, sólo se

is euros!). Las zapatillas te hablan a las dos semanas, se cuartean a los tres meses y a los cuatro tus pies parecen codillos de ternera con chucrut. Reconócelo: las zapatillas “mega-guay”, que te costaron diez veces más, ya llevan dos años contigo. En costes reales, las ACME (ya lo decían los abuelos: “lo barato sale caro”) han sido tu peor compra desde el disco de “Grandes éxitos del heavy metal al acordeón”. Y esta explicación, aunque se parezca lo que un huevo a una castaña, es el concepto del negavatio…

Quizá algún día se invente otra unidad de ahorro para el tiempo perdido que un trabajador salva a su empresa, los disgustos que una pareja no ocasiona o la sabiduría que aporta negarse a leer bazofia… de momento, nos conformamos con esta unidad “negada”, concebida hace más de 20 años.

A Amory Lovins se le ocurrió, no sabemos si solo o con absenta on the rocks, la idea de un vatio que se ahorra por la eficacia del consumo. En casa, el concepto es interesante pero difícil de comprobar, salvo que utilices algún aparato diseñado (¡los hay!) para medir el consumo. Alguien que compra una televisión LED de última generación conseguiría negavatios por mayor eficiencia, pero quizá el coste energético del aparato contrarrestase la buena voluntad del televidente… Y, que queréis que os diga, dejar apagado el paralelogramo tonto el máximo tiempo posible es más eficaz para ahorrar vatios y neuronas.

Consumo doméstico aparte, el incentivo por negavatios ya está ampliamente difundido por EEUU y es bastante conocido en Australia. ¿Cuándo nos pagarán en España por ser buenos y consumir poco? ¿En qué momento las compañías eléctricas nacionales dejarán sus estimaciones abusivas y tratarán a los clientes como seres responsables? Yo no lo sé. Sería más sencillo averiguar los números del próximo Euromillón.

Si clicáis aquí veréis una utilidad de Google para medir la eficiencia energética en sus últimos estertores. Deben de estar destinando sus recursos veraniegos a un buscador de “fiesta rave más cercana”.

Feliz y brillante semana. 😉

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¡Tanta luz y tan pocas luces!

26 de octubre de 2010

Desde tiempos inmemoriales (modo de decir “hace mogollón, pero no sé desde cuando”) el ser humano ha temido a la oscuridad. El miedo venía dado por la falta de adaptación a la noche y los peligros inherentes a lo oculto, como la posibilidad de rozar una roca afilada con el dedo gordo del pie. Los humanos lo pasábamos mal, ciertamente; más de un primate se dejó la espinilla por el camino hasta que algún/a osado/a aprendió a hacer fuego a conveniencia. Con los años le cogimos el puntillo a esto de la decoración brillante: empezamos por pequeñas hogueras y siglos después iluminamos comercios, fachadas, la tierra, el cielo, espadas láser de plástico y las gafas de Chimo Bayo, máximo exponente de cómo iluminación y buen gusto pueden ser divergentes.

El exceso de luz actual es patente: España brilla por falta de luces medioambientales. Si no fuera porque algunos astrónomos se tiran de los pelos -con tanta contaminación lumínica, apenas ven el firmamento en zonas urbanas-, quizá ni siquiera tuviéramos en cuenta lo ridículo que es “encender” lugares desiertos. Un estudio reciente llegó a la conclusión de que España consumía el doble de electricidad en alumbrado público que Alemania, a pesar de que el censo refleja casi la mitad de habitantes. No es sorprendente: en España se alumbran parques cerrados al tránsito nocturno, zonas sin habitantes, carreteras sin tráfico, polígonos industriales sin industria, zonas ornamentales sin turistas, programas televisivos sin cerebro… se utilizan los recursos de modo ineficiente. Además, todavía muchas farolas utilizan lámparas de alto consumo y están diseñadas proyectando la luz hacia arriba, al espacio (¡saludos, amigos marcianos!).

La situación ya está cambiando, al menos en el exterior. Mientras aquí se nos pide ahorrar energía a domicilio y los noctámbulos copean, con tanto deslumbramiento y cual malote de barrio, con gafas de sol, en ciudades como Los Ángeles han instalado 30.000 puestos LED de bajo consumo. Una gran ventaja del muy en boga LED, es el reducidísimo consumo energético (hasta una sexta parte). En la ciudad Saskatoon, en Canada, van a instalar 800 farolas LED con las que ahorrarán 350.000 Kilowatios y 156 toneladas de gases de efecto invernadero.

Las clásicas farolas pierden gran parte de su energía, el 90%, en generar calor (como algunas personas, ron mediante). Si quieres saber si en tu comunidad se está haciendo algo al respecto, consulta en tu ayuntamiento. Descubre las ventajas de tecnologías ideales para combinar con energía solar o aerogeneradores. Si la contribución que tienes que pagar es un disparate, quéjate en verde y movilízate localmente. Menos luces y más eficientes; tú puedes.

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Stand by (without me)

29 de junio de 2010

Ahora me pillas en stand by”: la expresión se ha castellanizado. Estamos en espera, pero nunca apagados. A la espera -interminable espera- de resolución. Esperamos a que se conceda un crédito, a que nos llamen para un trabajo. Esperamos que se resuelva una situación sentimental complicada o que finalice el barbecho sentimental para que el corazón sea cultivado. El stand by humano quema. El pequeño LED del alma sigue encendido, y eso, consume. La espera, una forma de humillación en algunas culturas, gasta energía. Todos lo sabemos: “El que espera, desespera” (versión 2.0: “todos nuestros operadores están ocupados”).

hal_9000-lowAhora, que invertimos términos y los ciudadanos somos reflejos de perecederos electrodomésticos (nos apagan cuando hacemos ruido, nos cambian por aburrimiento o pequeños defectos), podemos sentir aquello de que la energía “ni se crea ni se destruye, sólo se transforma”. Hay ejemplos de grave impaciencia energética no humana, como el de las impresoras, que consumen dos tercios de su energía en espera. La suma de la energía de todos los aparatos en “vigilia eléctrica”, puede llegar al 16% por ciento del total de un hogar. ¿Cómo es posible? Entre otros motivos, porque, como es el caso de los routers ADSL o los cargadores de móvil, algunos aparatos se conectan a la corriente a través de pequeños transformadores que siempre consumen, salvo que no estén enchufados. Pero no sólo se trata de eficiencia energética, sino de prolongar la vida útil de los componentes. El calor continuado que genera el modo de espera termina por quemar los circuitos -si habéis llamado a un servicio de atención al cliente, sabéis a que me refiero-. 😉

Nuestros consejos para ahorrar:

  • Utiliza el botón de apagado REAL. Si un piloto está encendido, lo más probable es que no esté realmente desconectado.

  • No utilices el salvapantallas. Además -desengáñate- nadie quiere ver un “slide show” con las fotos de tus vacaciones.

  • Compra electrodomésticos clase “A”. Te lo agradecerá el medio ambiente y la factura de la luz.

  • Miccionando un poco fuera de tiesto: El stand by de la carretera, el motor al ralentí del coche, es una ignominia energética. Aunque vayas a aparcar 5 minutos en doble fila, apaga el motor (¿para qué lo quieres encendido? ¿Vas a atracar la tienda? Ah… En ese caso, déjalo encendido).

  • Lo más importante: Utiliza regletas con interruptor. Cuando pulses el botón todo lo que esté conectado dejará de consumir, incluidos los recalcitrantes cargadores.

Cooliflowerenses, sí queréis conocer el mejor Stand by, ved el clip a continuación. 🙂

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