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400 ppm de CO2. Sólo para valientes

11 de agosto de 2010

Miércoles 11 de agosto de 2010: el CO2 de la atmósfera es 388,23 partes por millón y sigue aumentando. Y sólo nosotros podemos detenerlo.

Hace un siglo el nivel era 300. En los años 80, 350… Desde 1970, las ppm de CO2 han crecido en la atmósfera a un ritmo de 2 por año. Hacia el 2016 (quizá antes) sobrepasaremos los míticos 400 ppm.

400 ppm… la última vez que se alcanzó este nivel de CO2, hace 3 millones de años, el hombre no existía. Entonces, las temperaturas aumentaron y el nivel del mar creció… claro que hablamos de CO2, pero hay otros gases de efecto invernadero. En 160 años, los niveles de metano en la atmósfera han crecido un 150%.

¿Qué ocurrirá cuando se alcancen 400 ppm?

En pocos tiempo el mundo será muy distinto. El crecimiento de la población es exponencial; se dispara cada año. En 1960 había 2.982 millones de personas, en 2010 somos 6.838… La superpoblación agudizará algunos de los problemas que ya estamos viviendo. Los polos acelerarán su proceso de derretimiento. La zona de influencia de los trópicos se extenderá y habrá más ciclones e inundaciones. Las zonas desérticas se ampliarán, habrá menos agua potable. Por efecto de la desertización, las tierras arrebatadas por la crecida del mar y las bajas condiciones de salubridad, se producirán grandes movimientos migratorios de personas. Muchas especies desaparecerán, incluyendo las de hábitats marinos porque los océanos serán más ácidos y cálidos. No todo será negativo para la biodiversidad: las malas hierbas crecerán mucho más fácilmente por las altas concentraciones de CO2. Con el aumento de las temperaturas, se liberarán los gases atrapados por el permafrost; el efecto invernadero romperá su progresión lineal y se incrementará en poco tiempo. Cuando la temperatura media de la Tierra se eleve 4 grados, los ecosistemas expulsarán más dióxido de carbono del que retengan.

Miércoles 11 de agosto de 2010: el CO2 de la atmósfera es 388,23 partes por millón y sigue aumentando. Y sólo nosotros podemos detenerlo.

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Dime con quién armas…

25 de marzo de 2010

El blog de Greenpeace ha reavivado un tema tabú peninsular. La venta de armas es una importante y creciente fuente de ingresos en España. En 2009, nuestro país exportó material por valor de más de 400 millones de euros, lo que nos ha valido para pasar del octavo al sexto lugar en el ranking mundial armamentístico. Felicidades…

Las balas matan. Esta obviedad, demostrada sangrantemente, parecesoldado incompatible con el nuevo modelo sostenible del estado español. Poco influye qué partido político esté en el poder, la economía nacional, vía violencia, no se sostiene; ni es sustentable ni sostenible. A nuestro juicio, en el debate de la exportación, tiene demasiada importancia el destinatario final: se critica la venta de armas a países irrespetuosos con los derechos humanos, como si la venta de pistolas y fusiles a naciones de corte más civilizado fuera éticamente plausible. Se habla de ayuda humanitaria y de defensa, de diseños inteligentes, pero, si ya es difícil encontrar diseño inteligente en algunos dirigentes mundiales, mucho más difícil será comprar un arma con cerebro. Las balas, siguen una única trayectoria, lineal y concisa: se desentienden del bien y del mal. Es tecnología que aniquila primero y deja las preguntas suspendidas para después, en el aire, junto al hedor a pólvora.

En Cooliflower somos abiertamente pacifistas. Sería ridículo hablar de un mundo mejor, de modelos sostenibles y compensación de gases de efecto invernadero mientras permanecemos ciegos ante el incremento de la industria armamentística. En el mundo, cada año 300.000 personas fallecen víctimas de una arma de fuego. Sólo en Colombia, uno de los países destinatarios de los productos made in Spain, más de cinco millones de personas poseen armas ilegales. Allí, el 80% de las muertes por arma de fuego, lamentablemente, no se produce por conflictos armados ni rencillas entre bandas, sino por la administración de justicia a manos de los propios ciudadanos.

Se puede evitar. El brazo ejecutor estaría indefenso sin algo que empuñar. Nos preguntamos: ¿Quién fabrica muerte y bajo qué auspicio? ¿Esto es la llamada economía sostenible?

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Camino a Copenhague (III): La esperanza

7 de diciembre de 2009

Ya hemos llegado a Hopenhague, al menos virtualmente. Den lille havfrue, la sirenita, nos recibe y confiesa sus dudas entre adoptar forma humana o regresar con nereidas y tritones. Si vuelve con su familia le esperan vertidos y pesca incontrolados. Si decide permanecer en la orilla, contratará un buen seguro que cubra los efectos del agujero de la capa de ozono – y daños por explosivos; ya la dinamitaron hace tiempo-. Malos tiempo para ser sirena.

 

HopenhagueY no mucho mejores para ser ciudadano. La cumbre contra el cambio climático ha sido manipulada hábilmente por los países más contaminantes productivos, preparando el terreno para escupir medidas insuficientes. La doctrina neoliberal, la que dice que todos somos libres para enriquecernos -y para morirnos de hambre o vivir en una caja de cartón- conoce su mercado. Con la habilidad de tenderos asiáticos, la negociación previa ha sido un habilidoso regateo. Tanto, que cualquier cosa firmada ya nos parecerá hasta buena. Obama sonríe como un preso resabiado en las duchas a punto de decir “oops!”, lanzando con disimulo la pastilla de jabón. “Yes, we can!”. Claro, tú ya podrás…

Pero hay motivos para el optimismo. Internet, la diabólica red, ha conseguido movilizaciones sin precedentes. Millones de firmas, miles de eventos, protestas… Ironías de la vida, lo que en parte fue experimento militar es el elemento que nos da libertad. A través de la red y de forma paralela a la cumbre, más de diez mil activistas de ONG’s se reunirán en Copenhague.

 Crucemos los dedos. Todos nos acogemos al lema de Greenpeace “Our climate, our future, your decision ” (Nuestro clima, nuestro futuro, vuestra decisión), pero deberíamos añadir algo más: Nuestros votos. Políticos sibilinos y mercachifles millonarios, más os vale cubrir nuestras expectativas, sin nosotros no sois nadie. Con valor, alimentemos la esperanza.

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Camino a Copenhague (II): El espejo roto

25 de noviembre de 2009

 

 espejo rotoA falta de dos semanas para la cumbre de Copenhague la corriente negacionista se divierte. Unos supuestos correos “comprometedores” aparecidos estratégicamente niegan en parte la existencia del cambio climático.

 En términos ecológicos ¿Qué es ser negacionista? Intentaremos desenmarañar la compleja psique de esta especie urbana: Los negacionistas deforman la realidad a gusto del consumidor, encuentran fuentes fidedignas en medios dispares y no siempre fácilmente descifrables. Además de adorar las páginas salmón de los diarios, ven el futuro en la cara impresa de George Washington y se rigen por la moral fluctuante de los valores del Nasdaq. También confían en hackers anónimos “evidenciando” que el cambio climático no es para tanto. Esta especie de escéptico a conveniencia afirma que el deshielo en los polos, tras quince millones de años, es tan fortuito como productivo.

El negacionista es un prestidigitador de la realidad, un mago del espacio y el tiempo que se ríe de hechos palpables. Los negacionistas no se esconden; escriben periódicos, viven a tu lado, se toman una café con sacarina por las mañanas y quizá hasta se consideren buenas personas viviendo en su propio e inamovible universo paralelo. Son los mayores aliados de PAÍSES que escogen la cegera para hacer crecer la economía, aunque obvian un detalle: Sin humanidad no hay economía.

Viviendo en el mundo donde 2+2=5 carece de importancia que los gases de efecto invernadero hayan alcanzado su mayor concentración en 250 años.

 

(…) y he aquí que el espejo tuvo tal acceso de risa, que se soltó de sus manos y cayó a la Tierra, donde quedó roto en cien millones, qué digo, en billones de fragmentos y aún más. Y justamente entonces causó más trastornos que antes, pues algunos de los pedazos, del tamaño de un grano de arena, dieron la vuelta al mundo, deteniéndose en los sitios donde veían gente, la cual se reflejaba en ellos completamente contrahecha, o bien se limitaban a reproducir sólo lo irregular de una cosa.

La Reina de las Nieves, Hans Christian Andersen

 

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Emisiones de CO2: todo se reduce a esto

26 de agosto de 2009

Sí, somos la primera marca de eco-tendencia que lucha contra el exceso de CO2. Cuando nacimos, decidimos que una de nuestras camisetas compensaría las emisiones de un automóvil durante un mes, pero la lucha no sería completa si no atajábamos el problema de raíz. <Modo sermón OFF>

Los problemas se cuantifican para crear estadísticas. Las hay positivas, negativas, inútiles y otras incomprensibles. Sobre estas últimas, se estima que el 80% de los contaminantes emitidos a la atmósfera proceden del transporte y, según una encuesta de Hogares y Medio Ambiente 2008 que ha publicado el INE este mes, el 76,9% de la población está muy preocupada por el medio ambiente. Aún así, sólo el 4,4% de los hogares tienen en cuenta las emisiones en la compra de un automóvil. (puedes descargar el informe AQUÍ.)

Está bien. Quizá un automóvil eléctrico, híbrido o de bajas emisiones sea caro, o quizá lo que preocupa y lo que nos ocupa sean cosas diferentes.

amapolas Cooliflower CO2Entonces, deberíamos apelar a la lírica. Hablaríamos de vida pausada y contemplativa, de nuestro querido Thoreau, de “lo importante del viaje que es el viaje en sí mismo”, de prados arbolados convertidos en toscos bocetos vistos desde una ventanilla, de las miles de personas y lugares que escapan a toda velocidad y de todo lo perdido en el camino de la premura.

Podríamos hablar de detener el tiempo, olvidar nuestro ombligo y mirar afuera. De las sonrisas que -deteniéndonos; sólo deteniéndonos- quizá volvamos a ver. Hablaríamos de tantas cosas… pero en realidad la lírica comprimida en 250 palabras de un post se reduce a esto:

Aparca el coche, respira (¡y vive!)

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Thoreau, el primer ecologista

10 de julio de 2009

“Fui a los bosques porque quería vivir a fondo, quería vivir a conciencia y sacarle todo el meollo a la vida, dejar de lado todo lo que no fuera la vida, para no descubrir, en el momento de la muerte, que no había vivido”.

¿Lo recordáis? Es el fragmento que leían los imberbes -y atormentados- alumnos de John Keating al comienzo de cada sesión del nocturno “Club de los poetas muertos”. Su autor: El pre-hippie Thoreau, que ya llevaba criando malvas más de cien años sin ser consciente de su influencia sobre futuros pacifistas, naturalistas, ecologistas… Y guitarristas de Death Metal -en este último caso, sólo por la barba-

henry_david_thoreau-cooliflowerEl gran Thoreau, el tipo del físico frágil y la mirada cristalina había publicado estas palabras en “Walden”, un libro escrito en el bosque homónimo durante dos años (1845-1847). No fue fácil. Thoreau estaba completamente aislado. No había jurados , cámaras de reality show ni se podían enviar esemeeses con “salvar al barbas”, pero a él le mereció la pena. Este es nuestro pequeño homenaje Cooliflower a la primera persona que reconoció su pacifismo, acuñó el termino “Desobediencia civil” y dejó un legado sin el cual la ecología no existiría.

Y por todo ello, recomendamos su refrescante y positiva lectura. Y si tu vecino – el que cree que Van Gogh era un cantante de música folk- nos pregunta por qué leemos “estas cosas tan raras”, podemos responder, desafiantes, parafraseando a Thoreau: Lo hacemos porque “cualquier hombre que tenga más razón que sus prójimos ya constituye una mayoría de uno”.

Nota Cooliflower: La frase también es válida para hacerse con el control del mando de la tele en una reunión familiar.

ACTUALIZACIÓN 24/09/2015—- Texto adaptado de Thoreau a continuación

Desobediencia Civil  2.0

Original de Henry David Thoreau, destripado, recortado y deformado por Cooliflower. 😉

Creo de todo corazón en el lema “El mejor gobierno es el que tiene que gobernar menos”, bien llevado, finalmente resulta en algo en lo que también creo: “El mejor gobierno es el que no tiene que gobernar en absoluto”. De hecho, cuando los pueblos estén preparados para ello, ése será el tipo de gobierno que tengan.

El gobierno en sí, que es únicamente  el modo escogido por el pueblo para ejecutar su voluntad, está sujeto al abuso y la corrupción antes de que el pueblo pueda actuar a través suyo.

¿No puede haber un gobierno en el que las mayorías no decidan de manera virtual lo correcto y lo incorrecto, sino a conciencia?, ¿Tiene el ciudadano que entregarle su conciencia al legislador? ¿Para qué entonces la conciencia individual? Antes que súbditos, tenemos que ser humanos. La única obligación que tengo derecho de asumir es la de hacer siempre lo que creo correcto. Se dice muchas veces que una corporación no tiene conciencia; pero una corporación de personas conscientes es una corporación con conciencia. La ley nunca hizo al hombre un ápice más justo; a causa del respeto por ella, hasta el hombre mejor dispuesto se convierte en agente de la injusticia

La masa de hombres sirve al estado, no como hombres sino como máquinas. Son el ejército erguido, la milicia, los carceleros… En la mayoría de los casos no hay ningún ejercicio libre en su juicio o en su  sentido moral; ellos mismos se ponen al nivel de la madera, la tierra, las piedras… Otros – como la mayoría de los legisladores, los políticos, abogados… – sirven al estado con la cabeza, y como rara vez hacen distinciones morales, están dispuestos a ponerle una vela a Dios y otra al Diablo. Unos pocos sirven al estado a conciencia, y en general le oponen resistencia. Estos últimos casi siempre son tratados como enemigos.

¿Cómo le conviene a una persona comportarse frente al gobierno hoy? Le respondo que no puede, sin caer en desgracia, ser asociado con éste. Yo no puedo, ni por un instante, reconocer una organización política que como gobierno mío es también gobierno de esclavos. Todos los hombres reconocen el derecho a la revolución; es decir, el derecho a negarse a la obediencia y poner resistencia al gobierno cuando éste es tirano o su ineficiencia es mayor e insoportable. Pero muchos dicen que ese no es el caso ahora.

 

Hay quienes se sientan con las manos en los bolsillos, dicen que no saben qué hacer, y no hacen nada; hay quienes anteponen el asunto del libre comercio al de la libertad y leen muy calmados las cotizaciones junto con los últimos informes. ¿Cuál es la cotización para un hombre honesto hoy? Ellos se lo preguntan y tienen remordimientos, pero no hacen nada con convicción y efecto. Esperan a que otros le pongan remedio al mal. Como mucho, depositan un voto barato con deseo de feliz viaje a lo correcto.

 

El carácter de los votantes no entra en juego. Deposito mi voto, por si acaso, pues lo creo correcto, pero no estoy comprometido en forma vital con que esa corrección prevalezca. Se lo dejo a la mayoría. La obligación de mi voto, por lo tanto, nunca excede la conveniencia. Aún votar por lo correcto no es hacer nada por ello. Es simplemente expresar bien débilmente ante los demás un deseo de que lo correcto prevalezca. El hombre sabio no deja el bien a la suerte, ni desea que prevalezca por el poder de la mayoría. Hay poca virtud en la acción de las masas

Existen leyes injustas: ¿debemos estar contentos de cumplirlas, trabajar para enmendarlas, y obedecerlas hasta cuando lo hayamos logrado, o debemos incumplirlas desde el principio? Las personas, bajo un gobierno como el actual, creen por lo general que deben esperar hasta haber convencido a la mayoría para cambiarlas. Creen que si oponen resistencia, el remedio sería peor que la enfermedad. Pero es culpa del gobierno que el remedio sea peor que la enfermedad. Es él quien lo hace peor. ¿Por qué no valora a su minoría sabia? ¿Por qué grita y se resiste antes de ser herido? ¿Por qué no estimula a sus ciudadanos a que analicen sus faltas y lo hagan mejor de lo que él lo haría con ellos?

 

Lo que tengo que hacer es ver que yo no me presto al mal que condeno.  En cuanto a adoptar las maneras que el Estado ha entregado para remediar el mal, yo no sé nada de tales maneras. Toman mucho tiempo, y la vida se habrá acabado para entonces. Tengo otras cosas que hacer. Yo vine a este mundo no propiamente a convertirlo en un buen sitio para vivir, sino a vivir en él, ya sea bueno o malo. Una persona no tiene que hacerlo todo, sino algo. Cualquier hombre más correcto que sus vecinos constituye de por sí una mayoría de uno.

El Estado, pues, nunca confronta a conciencia la razón de una persona, intelectual o moralmente, sino sólo su cuerpo, sus sentidos. No está equipado con un ingenio superior o una honestidad superior, sino con fuerza superior. Yo no nací para ser forzado. Respiro a mi manera. Ya veremos quien es el más fuerte. ¿Qué fuerza tiene una multitud? Sólo me pueden forzar los que obedecen una ley más alta que yo. Quieren forzarme a que me vuelva como ellos. No escucho a quienes han sido forzados por las masas a vivir así o asá. ¿Qué vida es ésa? Cuando un gobierno me dice, “la bolsa o la vida”, ¿por qué tengo que correr a darle mi dinero? Yo no soy responsable de que la maquinaria de la sociedad funcione. Si una planta no puede vivir de acuerdo a la naturaleza, se muere; lo mismo el hombre.

 

¿Es la democracia que conocemos la última mejora posible de gobierno? ¿No es posible adelantar un paso en el reconocimiento y la organización de los derechos del hombre? Jamás existirá un estado realmente libre e iluminado hasta que reconozca al individuo como un poder más alto e independiente, del cual se deriva su propio poder y autoridad, y lo trate de acuerdo a ello.

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