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Garoña no pasaría la ITV

12 de septiembre de 2011

Hagamos uso de la memoria musical: 1966 fue el año en el que Simón y Garfunkel lanzaron “Sounds of Silence”, para delicia unplugged de catequistasnatural viagraa> y monitores de campamento (padre nuestro tú que estás…). Jim Morrison seguía vivito y peyoteando. Los Beatles ya eran los más grandes… en España no, aquí los número uno eran Los Brincos y su sorbito de champán. Ahora “champán” sería “cava” y el soniquete sin rima parecería una estribillo descacharrante de Mecano.

A ti lector más joven, esta reseña musical te sonará tan próxima como un cuarteto de cuerda en re menor. Hace mucho tiempo de esto, ¿verdad? Pues 1966 fue el año, precisamente, en el que se empezó a construir la central nuclear de Garoña y triunfaba el Seat 600. Imagínate, con tanta solera, los problemas para pasar la ITV hoy día si en vez de central nuclear “Garoña” hubiese sido un 600 de cuatro décadas.

Combustible nuclear. Visto así, hasta parece bonito

Ayer finalizaba la marcha número 32 pidiendo el cierre de la vetusta central “gemela” de la de Fukushima. Ambas reliquias comparten modelo de generador obsoleto (Mark I) conocido por su falta de seguridad; justo aquel que reventó en Japón. La protesta ha coincidido con un nuevo informe que encuentra picos de 30 grados en el agua expulsada por la central al embalse: una diferencia de más de 15 grados (el máximo permitido es 3). Los responsables de la central afirman que es “normal” mientras que ecologistas y gentes de buena fe piensan que un embalse a 30 grados en Burgos, es un jacuzzi puñetero para las especies autóctonas.

Con agua caliente o sin ella, utilizar energía nuclear y rentabilizar una central de más de 40 años en precarias condiciones, con un dilatado historial de accidentes, ya es una barbaridad. Posiblemente el incidente más grave fuese la nube radiactiva de 1975. Y decimos “posiblemente” porque el escape se ocultó durante muchos años y ahora es tremendamente difícil conseguir datos (ni una cifra fiable, damos fe).

El caso es que una central nuclear agrietada y con generador defectuoso puede funcionar y a mi me tiraron en la ITV porque no bajaba bien la ventanilla del copiloto… La vida no está hecha para gente de buena pasta, sino para gente con buena pasta.

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Japón, radiactividad y lotería

25 de marzo de 2011

Tras las explosiones en la central de Fukushima se habla estos días sobre niveles de radiación y seguridad, pero ¿qué es la radiactividad? La radiactividad es una “propiedad de ciertos cuerpos cuyos átomos, al desintegrarse espontáneamente, emiten radiaciones”. Algo “radiactivo” emite partículas (iones) cargadas de electricidad que atraviesan los cuerpos. La radiactividad está en todas partes, lo realmente peligroso es el tipo y grado de radiactividad.

En este artículo publicado en La Vanguardia, Eduard Rodríguez-Farré, radiobiólogo del Consejo Superior de Investigaciones Científicas, declaraba que de los más de 60 contaminantes que deja la fisión del uranio, al menos tres tienen graves consecuencias para la salud humana. “El yodo afecta inmediatamente y deja mutaciones en los genes, a partir de las cuales se puede desarrollar luego el cáncer de tiroides (…) el estroncio se acumula en los huesos un mínimo de 30 años, como si fuera calcio, y durante años continúa irradiando el organismo; mientras que el cesio queda depositado en los músculos”.

En efecto: la radiactividad afecta de forma muy diversa al ser humano, incluso puede ser útil. Si está concentrada en un punto determinado, puede destruir células, el principio de la radioterapia utilizada para combatir el cáncer. La radiactividad “descontrolada” de una central nuclear, multiplica las posibilidades de mutación que ya se dan en la naturaleza, la misma mutación en la que está basada la teoría de la evolución. Es el principio agigantado, efectista (y erróneo) utilizado en ciencia-ficción y literatura fantástica para crear enormes monstruos. Antiguas películas de serie B, tipo Them! o Godzilla, presentan feroces criaturas nacidas de la radiactividad. Godzilla, el gigantesco “dragón”, era un reflejo siniestro del miedo nipón tras el lanzamiento de las bombas de Hiroshima y Nagasaki.

Pero las radiaciones no crean monstruos ni superhéroes, sólo “agitan” el ADN molecular con resultados imprevistos. El impacto de la radiación sobre la población, campos, mar, agua… la radiación que se recibe tiene consecuencias directas e indirectas, porque también puede alterar los cromosomas de generaciones futuras. A pesar de que las cifras nunca han podido ser contrastadas, la fuga de Chernóbil se calcula que afectó a más de 7 millones de personas. La proporción de casos de cáncer, especialmente cáncer de tiroides, se disparó brutalmente.

¿El alcance de las radiaciones en Japón? Es muy difícil cuantificar algo invisible, es mucho más sencillo luchar contra engendros ciclópeos. La radiación nuclear es una lotería de ingrato premio.

(¡Ánimo al valiente pueblo japonés!).

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