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Internet nos hace… ¿libres?

1 de febrero de 2011

“Creo que nos encaminamos hacia una sociedad más parecida a lo que anticipó Huxley en Un mundo feliz que a lo que describió Orwell en 1984. Renunciaremos a nuestra privacidad y por tanto reduciremos nuestra libertad voluntaria y alegremente, con el fin de disfrutar plenamente de los placeres de la sociedad de consumo. “

La frase está pronunciada por Nicholas Carr (Un mundo distraído, El País), uno de los nuevos pensadores que filosofa sobre esta seudo-religión. La red de redes es un fenómeno inmenso y anárquico sin el cual sentiríamos el ordenador vacío, huérfano de ideas. Internet se ha convertido en la herramienta de la obtención inmediata, del “aquí y ahora”. Todo es posible con la lámpara de Aladino a golpe de clic… no exenta de sus propios demonios.

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Crash Course, el curso gratuito más caro del mundo

10 de agosto de 2010

  

Chris Martenson: el boca-Facebook funciona

A veces Facebook -patio de vecinas virtual- es útil de verdad. Entre mensajes colgados de muros -usualmente, muros de lamentaciones o transparentes escaparates narcisistas- “descubrimos” Crash Course, una joya de sabiduría sin adoctrinamientos ciegos donde aplicar la frase del autor: “me reservo el derecho a cambiar mis opiniones en el caso de que surjan nuevos datos que lo permitan”. Es una garantía: en un par de horas, la vida de aquellos que lo escuchan cambia. Crash Course es un curso rápido de economía que resetea neuronas y depura registros vitales. Muchos conceptos que consideramos aprendidos, como el del dinero, terminan siendo papel mojado. 

Intentar resumir el asequible, sencillo, pero por ello no menos completo curso en una entrada no haría justicia al trabajo del científico norteamericano Chris Martenson. Para explicarlo de forma somera: sobre la base de los cambios mundiales actuales (“los próximos veinte años serán totalmente diferentes a todo lo que conocemos”), Martenson construye ideas que forman un todo de lógica difícilmente cuestionable. La base es lo exponencial: el dinero y la población crecen exponenciales, pero los recursos, las materias primas, son finitos… un crecimiento brutal que no significa necesariamente prosperidad. Los comparaciones utilizadas siempre son claras, meridianas y duras, casi abofeteantes; gritan al oído “¡despierta!”. Por ejemplo, en el curso se explica que el gasto energético de una casa americana es igual a 50 personas pedaleando sin descanso, o se lanza la apabullante frase “toda la historia de la humanidad necesitó llegar hasta 1960 para alcanzar los 3.000 millones de habitantes pero, ahora, en sólo 40 años habremos añadido 3.000 millones más.”. Duro, muy duro, pero realista. 

Saber reaccionar a tiempo de forma individual y despojarnos de lo superfluo es la mejor opción: “estamos desperdiciando un tiempo precioso más la energía que todavía tenemos a nuestra disposición, en un intento desesperado, insensato y, a fin de cuentas, sombrío con tal de preservar el statu quo.”. Reservar una tarde para un curso que influirá en los conceptos básicos de nuestras vidas sí es aprovechar el tiempo. 

Nota importante: Aunque algunos conceptos ecológicos estén poco elaborados, sigue mereciendo la pena. 

La imagen enlaza al curso completo (en castellano)    

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Idea x Personas = X

6 de abril de 2010

Preparas una tarde de asueto. Pagas con tu último billete el kit anti-estrés/anti-desengaño: cerveza, bolsa de patatas fritas, chocolate y cualquier cosa que lleve mucho vinagre. Recoges las vueltas y a la salida del supermercado, casi te tropiezas con un pequeño tenderete atendido por algún imberbe sonriente que colecciona firmas. Las reivindicaciones son variadas: aumento de salario, cadena perpetua para fontaneros sin escrúpulos, partidos “patrióticos” que desean expulsar a personas de pantone oscuro… De todo y para todos los gustos. Sólo hay que poner una firmita aquí, el DNI… y ya está. Perfecto. A lo mejor conseguimos cadena perpetua para fontaneros abusivos.

2007_Myanmar_protests_11_(M-cropped) by racoles - WikipediaChistes aparte, la recogida de firmas y las reivindicaciones reales (algunos friki-grupos de Facebook no cuentan) sí son útiles. La presión popular es una avalancha que arrastra todo a su paso, porque cualquier producto o político (tentados hemos estado de incluir político en la categoría producto) vive del pueblo. En uno de nuestros blogs favoritos, ecologiablog.com, explicaban cómo la gigantesca Nestlé había tenido que plegarse ante las acusaciones iniciadas por Greenpeace; la multinacional, no había tenido otra salida que cambiar de proveedor de aceite de palma. Como sabéis, el cultivo de palma se ha convertido en un peligroso aliado del CO2 y de la destrucción de ecosistemas. A la vista del efecto, el trabajo de comunicación de Greenpeace ha sido impecable… y la presión popular, excelente.

Cualquier colectivo puede posicionarse y cambiar el rumbo de la historia. La diferencia la marca un sencilla ecuación: una buena idea por miles de personas es igual a… mucho dinero. Sí, en realidad esa es la base, no nos engañemos. La clientela y los votantes son muy valiosos, hay que conservarlos a toda costa: cuantos más mejor. La incógnita de la operación, el dinero, representa tanto los aportes voluntarios de los protestones, como las cantidades que ganan o pierden las marcas. Por tanto, recuerda que puedes invertir reivindicando. Tu opinión, sí que va a alguna parte… y si no sabes por donde empezar, existen organizaciones especializadas como la fantástica Avaaz.org, que desde 2007 acumula casi diecisiete millones y medio de acciones. Tú despejas la incógnita.

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Idea x Personas = X