Camino a Copenhague (II): El espejo roto

25 de noviembre de 2009

 

 espejo rotoA falta de dos semanas para la cumbre de Copenhague la corriente negacionista se divierte. Unos supuestos correos “comprometedores” aparecidos estratégicamente niegan en parte la existencia del cambio climático.

 En términos ecológicos ¿Qué es ser negacionista? Intentaremos desenmarañar la compleja psique de esta especie urbana: Los negacionistas deforman la realidad a gusto del consumidor, encuentran fuentes fidedignas en medios dispares y no siempre fácilmente descifrables. Además de adorar las páginas salmón de los diarios, ven el futuro en la cara impresa de George Washington y se rigen por la moral fluctuante de los valores del Nasdaq. También confían en hackers anónimos “evidenciando” que el cambio climático no es para tanto. Esta especie de escéptico a conveniencia afirma que el deshielo en los polos, tras quince millones de años, es tan fortuito como productivo.

El negacionista es un prestidigitador de la realidad, un mago del espacio y el tiempo que se ríe de hechos palpables. Los negacionistas no se esconden; escriben periódicos, viven a tu lado, se toman una café con sacarina por las mañanas y quizá hasta se consideren buenas personas viviendo en su propio e inamovible universo paralelo. Son los mayores aliados de PAÍSES que escogen la cegera para hacer crecer la economía, aunque obvian un detalle: Sin humanidad no hay economía.

Viviendo en el mundo donde 2+2=5 carece de importancia que los gases de efecto invernadero hayan alcanzado su mayor concentración en 250 años.

 

(…) y he aquí que el espejo tuvo tal acceso de risa, que se soltó de sus manos y cayó a la Tierra, donde quedó roto en cien millones, qué digo, en billones de fragmentos y aún más. Y justamente entonces causó más trastornos que antes, pues algunos de los pedazos, del tamaño de un grano de arena, dieron la vuelta al mundo, deteniéndose en los sitios donde veían gente, la cual se reflejaba en ellos completamente contrahecha, o bien se limitaban a reproducir sólo lo irregular de una cosa.

La Reina de las Nieves, Hans Christian Andersen

 

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