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Ecología para niños

17 de noviembre de 2011

 

Queridas personas bajitas:

Ser adulto es aprender a fabricar eufemismos. Si no lo sabéis, los eufemismos son palabras o expresiones disfrazadas. Por ejemplo: Hace tiempo un señor inmaduro pidió que no lo llamasen viejo y pasó a ser anciano, pero como tampoco le gustaba ser anciano inventó el término “tercera edad”, hasta que se cansó de ser tercero, aunque fuera en edad (decía que ser primero era lo válido) y entonces fue “mayor”. Tuvo que esperar hasta los setenta años para ser mayor, ¿qué os parece? Los adultos somos así de raros. En cuanto te empieza a salir pelo allá donde empieza la ropa interior, te ataca la locura del eufemismo.

Los adultos hemos utilizado eufemismos para transformar parados en desempleados, guerras en conflictos, imposiciones en decisiones unilaterales o esclavos en becarios. Ya ni siquiera morimos, ahora, como si nuestras vidas fueran botones o números de teléfono, las perdemos. Por eso buscamos (y no encontramos) años extraviados en pequeños tarros de crema. Vuestros padres también son víctimas: prefieren “perder poder adquisitivo” antes que reconocer su pobreza. En realidad, os diré un secreto, “adulto” es el eufemismo de “niño desilusionado”.

Nosotros, los niños desilusionados, cometimos el error de apartar el sustantivo ecología para definir lo que aún no habíamos destrozado, así sufríamos menos siendo malvados. Bautizamos el conjunto de desmanes como “progreso”, cuando no “economía”. Incluso, ya veis, en vez de proteger la bonita palabra ecología, pedimos ayuda a seres imaginarios para arreglar las desgracias que fabricamos.

Por eso, antes de que os perdáis por el camino (crezcáis), os diré qué es la ecología: el aire que respiráis, los alimentos que coméis, la ropa que vestís, los senderos a transitar. Ecología es cada pensamiento, palabra o gesto. Ecología es el último beso, que siempre será el primero y el primer fracaso, que nunca será el último. La suma de vuestros aciertos y la multiplicación de vuestros errores. Ecología será la Tierra que prestéis a las sucesivas generaciones de personas bajitas.

Así que os pido un favor: nunca, nunca, dejéis de ser niños.

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La buena educación (existe)

22 de marzo de 2011

No aprendí qué narices ocurrió en el siglo XX. Y me siento acompañado en mi ignorancia: millones de estudiantes tampoco. En el colegio recibíamos lecciones de historia que se iniciaban despacio, con bostezo otoñal. Llegaban las pinturas rupestres y los neandertales nudistas, los dólmenes y los megalitos. Te defraudabas al enterarte de que el ser humano -hubo que esperar a Spielberg- llegó tarde para conocer a los dinosaurios.

Las prisas por finalizar el temario se incrementaron con el paso de los meses. Memorizabas la lista de los reyes godos y sólo recordabas a Chindasvinto y Gundemaro, te reías de Isabel la católica y su promesa de no lavarse (la primera ecologista hedienta de la historia), te enterabas del uso de la guillotina (políticamente sigue viva, sino en forma, sí en fondo). Demasiada historia para tan poco tiempo. Antes del verano, indefectiblemente, el apurado profesor de turno repasaba a toda velocidad la creación de la industria y el siglo XX “ya no daba tiempo”; se veía de refilón y en un par de días. Acababas el curso escolar sin distinguir a Mao Tse – Tung de Francisco Franco. Pensándolo bien, al menos en foto, tampoco había tanta diferencia…

En temas de educación, por fortuna, aparecen los cambios. En algunas aulas viven plenamente el siglo en el que viven. Los alumnos aprenden sobre el mundo actual, el más importante, ya que si reconocen los errores presentes sabrán modificar el futuro. Nos hemos alegrado al recibir los dos videos que acompañan a este post enviados por Estefanía, profesora del IES Felipe II de Mazarrón. Nos cuenta que “unos alumnos del Taller de expresión creativa musical han preparado dos cortos para presentarlos al II Festival ecológico de microcortos “La Luciérnaga Fundida” y lo mínimo que podemos hacer es ayudar a difundirlos. Gracias a los alumnos por trabajar en el proyecto y a sus mentores por aventurarse con esta iniciativa; quedan nombrados automáticamente “cooliflowerenses de honor”. Como dicen en uno de los cortos “es una pena que no todos piensen como nosotros”.

Y ahora, para aquellos profesores que nos leáis y tengáis una mente inquieta como la de Estefanía, ¿que os parece una asignatura que ayude a evaluar y distinguir la información en internet…? ¡Ahí queda la propuesta…! 😉

Los videos de los muchachos, tras el salto…

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