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Phonebloks, la revolución de los esbozos

19 de septiembre de 2013

phoneblok

Al mirar Phonebloks se piensa en la sencillez, en lo esquemático, que es el esqueleto de la vida. En aportar poco, pero de manera más justificada. Por ejemplo: si ahorrásemos palabras, la gramática, escasa y brillante, valdría sus sílabas en oro; los “sí” serían grandiosos, los “no” sinceros. El verbo “querer” se conjugaría dos veces al año -para qué más-. Se anularían los “porqués” y dormiríamos sin miedo a soñar. Y soñaríamos, mejor despiertos, muy despiertos, sin temer despertar.

phoneblok cooliflowerSi viviéramos de ingeniosos esbozos a vuelapluma, en vez de construir cachivaches magnificentes y recién obsoletos, valoraríamos los “ahora sí”, los dibujos sobre una servilleta, las ideas fugaces que vuelan por el cerebro sin tiempo a formular deseos. Si creyéramos lo increíble, lograríamos lo imposible.

De un esbozo, de un esquema, de una “simple” idea se ha lanzado un proyecto de proyecto: Phonebloks parte de la construcción de una plataforma móvil física con módulos intercambiables. Se trataría de una base actualizable y personalizable, al gusto del usuario. En vez de cambiar de móvil cada pocos meses, se podrían hacer “upgrades” rápidos y económicos. Lo mismo se amplía la capacidad de la batería, se aumenta la velocidad del procesador… o se incorpora una lente mejorada.

La idea, de tan simple, es perfecta. Ahorraríamos dinero, tiempo, problemas y vidas humanas (coltan, más de cinco millones de muertos en el Congo desde 1.998). Habría un mercado de segunda mano que favorecería la sostenibilidad medioambiental, los móviles vivirían muchas vidas y sólo se consumiría lo justo y necesario, a la medida del usuario.

Phonebloks pide ayuda para su difusión… y es lo mínimo que podríamos hacer por ellos. En Phonebloks se intuye como cuidando el medioambiente y los recursos, esbozo sobre esbozo, se dibujaría (con el trabajo de todos) una gran obra acabada.

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Anormalidad normal

31 de marzo de 2011

La excelente entrada de Vicente Romero “Hambre, la tragedia secreta”, trata sobre un informe de UNICEF que pone de manifiesto cómo un tercio de los niños en Sierra Leona pasa hambre. Es una noticia sin noticia, como Vicente afirma “parece que los periodistas aceptemos ese horror como algo consustancial al orden económico mundial”.

Esta noticia, si no se difunde, caerá en el olvido. Cada día la amnesia informativa se ceba en los más débiles: en Costa de Marfil Laurent Gbagbo perdió las elecciones generales y se negó a dejar el poder hace cuatro meses. El goteo de fallecidos por luchas intestinas desde entonces ha sido constante, tan habitual que ya no merece espacios informativos. Disparar contra una multitud o quemar vivo a un ciudadano no lesiona a los jugadores de “la roja”.

El Congo es una caso aparte, vergonzoso, digno de estudio. La noticia reciente con más alcance sobre su guerra (1998-2008, diez años inexistentes), fue la que puso en duda que las cifras sobre fallecidos fueran correctas: en realidad la guerra sólo habría aniquilado cerca de tres millones de personas. No era noticia que sumando los caídos en las guerras de Vietnam, Corea, Irak… añadiendo incluso los fallecidos en las cruzadas y la “santa” inquisición ni se aproximaran a la tercera parte de la cifras “sin hinchar”; la noticia era, por tanto, “la exageración”. Hoy, luchando por el control de las minas de coltán, una guerra encubierta se vive cada día en el Congo. Es una animalidad normal en una anormalidad normal.

(La tercera noticia más leída en El País de hoy es la multa a Sabina por fumar en un hotel; la sequía del Amazonas aparece en quinta posición debajo de las vacaciones, en 1963, de los Beatles en Tenerife. Los niños de Sierra Leona no figuran).

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Diseñados para estropearse

11 de enero de 2011

¿Cuanto puede durar una bombilla? Cuatro meses, un año… o ciento diez. La bombilla operativa más antigua del mundo lleva encendida en California desde 1901. Sigue funcionando porque no fue programada para ser defectuosa.

En 1924 todos los fabricantes firmaron un pacto para limitar la vida de las bombillas a 1000 horas. ¿El motivo? Ganar más dinero diseñando artículos con fecha de extremaunción. El interesante documental Comprar, tirar, comprar de RTVE, emitido el 9 de enero, explica con detalle la obsolescencia programada. Los cimientos de la sociedad de consumo se basan en renovar continuamente lo que nos rodea, desde un simple pantalón hasta el ordenador. El tiempo que marca la renovación está estudiado: si cualquier producto de consumo no se estropea lo hará la moda, esa costumbre cambiante inventada para forzar la muerte de productos perfectamente útiles.

El impacto medioambiental de la obsolescencia programada es enorme. En primer lugar, porque la capacidad de regeneración de la Tierra es finita y con la renovación continua agotamos los recursos. En segundo lugar, porque los desechos tecnológicos del primer mundo terminan creando grandes vertederos tóxicos en el tercer mundo: según datos de la UNESCO, en el 2008 se reemplazaron 180 millones de ordenadores. En España, desde 2006, hay más teléfonos móviles que habitantes.

Para combatir la obsolescencia programada, recuerda:

Alargar la vida útil de los productos beneficia los recursos del planeta pero también ayuda al cerebro; reduce la fiebre consumista de insatisfacción constante. Sé verdaderamente consciente de lo que necesitas: cambiar de vestuario, teléfono móvil o MP3 cada poco tiempo no sólo supone un alto coste para tu economía, también es un gran perjuicio para el planeta. En el Congo, país que poseé el 80% de las minas de coltán (necesario para fabricar baterías de última generación), la lucha por su distribución ha asesinado a millones de personas. Si de verdad quieres llevar una vida sostenible, no cometas la incongruencia de hablar de ecología y contribuir abiertamente a la cadena de obsolescencia programada. Reciclar es bueno, no tener que reciclar, mejor.

Comprar, tirar, comprar

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