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Alzheimer, úlceras y tontos ilustrados

20 de septiembre de 2011

 

Para luchar contra el alzheimer suprime la casualidad e investiga la causalidad. Recuerda a los que olvidan sin escoger y olvida a los que escogen no recordar.

Allí estaba, evidente. Alargada y con forma de extraterrestr

e pocoyizado. Los médicos habían observado a la helicobacter pylori haciendo botellón microscópico, pero su relación con gastritis y úlceras se negaba. ¡Quía: los culpables eran comidas picantes, mala vida y disgustos!

Andy Warren y su colega Barry Marshall creían que aquellas sosas bacterias eran el foco de problemas estomacales. Era tan sencillo, tan sumamente comprobable, que la comunidad científica no creyó ni palabra. ¡Toda la vida delante de un microscopio y los malos no eran jalapeños o jefes narcisistas! Barry, para demostrar la teoría, tuvo que tomar un empírico lingotazo de bacterias. Ambos, Warren y Marshall, se llevaron el premio Nobel en 2005, aunque la gastritis se la quedó Barry. La comida mejicana ganó enteros y los amantes de Tabasco y pollo korma pedimos ración doble para celebrarlo.

Y si no hubiese sido por aquella insistencia temeraria, las úlceras hubiesen seguido tratándose simplemente con antiácidos. Demasiados tontos ilustrados: incontables clérigos elucubran sobre células madre e innumerables doctos rechazan dogmas de fe. Así, el alzheimer (un proceso degenerativo del cerebro que conduce a la demencia y posteriormente, a la muerte) ha sido simplificado durante décadas como enfermedad inherente a la vejez o simple putadón hereditario, designio de Dios o malvada lotería genética. El caso es dejarnos en manos del destino (destino: excusa cobarde para vivir bajo el mínimo esfuerzo.).

(Sigue tras el salto)

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Invasores: Globalización con patas

9 de diciembre de 2010

1859, ¡qué gran año para los lagomorfos en Australia! El aficionado a la caza Thomas Austin liberó una docena de inocentes conejos -inexistentes en Oceanía hasta entonces- para que le sirvieran de tiro al blanco. Se le olvidó contar con el tórrido instinto sexual de estos calentitos peluches. Diez años más tarde, los aussies cazaban más de dos millones de conejos al año, pero nada evitaba que la plaga siguiese creciendo.

Para el ecosistema de “hacer la gracia” a “crear una plaga” sólo hay un paso. Liberar una especie no autóctona es jugar a la ruleta rusa con la naturaleza. Actualmente la importación de especies exóticas está mucho más controlada, pero no tanto la importación involuntaria, como la del mejillón o mosquito tigre, especies que comparten apellido y tienen tanto en común como un huevo y una castaña.

Pero no sólo “los tigres” son preocupantes; las plagas más peligrosas pueden ser las menos visibles porque el cambio climático trae otros invasores diminutos. Un estudio de la profesora de ecología Elena Litchman, de la universidad de Michigan, intenta resaltar la importancia de los gérmenes y partículas que se extienden por efecto del cambio de temperaturas: “El cambio global puede exacerbar las invasiones microbianas, por lo que es probable que aumenten en el futuro”.

Los nuevos nombres son más exóticos: cianobacterias, rizhobium… la profesora Litchman afirma “En la actualidad, no se han publicado ejemplos del impacto de los microbios no patógenos, pero hay una creciente evidencia de que podría cambiar los ecosistemas de manera igualmente dramática”.

En Cancún juegan despreocupadamente con nuestro futuro (en la próxima entrada daremos buena cuenta de este nuevo despropósito) y los pequeños invasores ya se están instalando…

De interes: excelente artículo de Consumer Eroski sobre especies invasoras. Por favor, no llevar a cabo el último consejo de modo literal (“Si viaja, no traiga consigo seres vivos. En su lugar de origen viven mejor y no causan problemas.”). Cuando regreses de vacaciones escoge volver con tus primos (vivos).

Para perder el miedo (inglés). Cómo fabricar un pacífico invasor:
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Publicidad cooliflowerense:
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