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Una imagen vale más que…

26 de octubre de 2009

Los debates que se inician con “Una imagen vale más que mil palabras” son estériles. Podéis probar, os resultará divertido, de hecho, cuanto más “cultureta” sea el entorno, mucho mejor, porque surgirán eclécticas referencias culturales que irán desde Espinete hasta Lorca. Es la frase perfecta para iniciar un discusión entre los cooliflowerenses que defendemos el poder de las palabras y los que se aferran a las imágenes. Las conversaciones suelen ser así:

-El hombre llegó a la luna y todos lo pudimos ver. Es un hecho.

-Sí, pero lo que ha quedado para la posteridad es la frase de Neil Armstrong.

-¡No puedes discutir que vivimos en la era de lo visual!

-Quizá, pero ningún pintor ni director de cine ha logrado captar la magnificencia de la descripción de un Dios griego.

-Kubrik…

-Lessing…

Lo dicho. Un debate estéril. Las imágenes son directas y no entienden de sutilezas. El impacto es inmediato. Las palabras se deben mascar lentamente y tiene una digestión pesada pero quizá más razonada. Cooliflower no sería nada si las palabras que hablan sobre sus beneficios y las imágenes de sus productos no trabajasen juntas. Las letras se inventaron para dar forma a sensaciones y sentimientos, pero somos primates con buena visión y podemos expresar emociones con una pequeña lágrima o una casi imperceptible sonrisa.

Las demostraciones 350 del fin de semana representan esta unión. Se formaron a través de la gramática y quedaron retratadas en un mapa que impresiona al primer vistazo… Por una vez cederé; una imagen (con cifras) puede valer más que mil palabras.

View Actions at 350.org
Saludos a todos y muchas gracias a por hacer del pasado sábado un día único. 😉

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El largo y cálido verano (bacteriano)

9 de julio de 2009

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Con 17 años, muchos cooliflowerenses estábamos preocupados por conjuntar camiseta y tejanos. El acné era nuestro mayor enemigo y -sinceramente- problemas como el calentamiento global o el agujero de la capa de ozono nos importaban bastante menos que atusarnos el flequillo o aprender a levantar una ceja para hacernos los interesantes.

Ahora que ya sabemos arquear la ceja -y que seguimos siendo tan poco interesantes como entonces, pero con un gracioso tic en el ojo- nos cuesta creer que con esa egocéntrica edad Oscar Santegoeds se aleje del espejo, el muy tunante, y tenga los redaños suficientes como para publicar un estudio llamado, ejém, tomamos aire:Estudio de la influencia de la temperatura sobre bacterias quimiotróficas de la costa del Alt Maresme.” ¡Cof!… me falta la respiración.

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El Príncipe CO2

2 de julio de 2009

CO2 ciclo ceroco2 Cooliflower

Hijo, apaga la tele que te voy a contar un cuento… Erase una vez dos átomos de carbono y uno de oxígeno. Unos señores con bata blanca y microscopios bautizaron la unión con nombre y apellido de príncipe intergaláctico: Dióxido de Carbono, aunque fue más conocido por CO2. Hubo un tiempo en el que era respetado y querido, porque se sabía que el ciclo de la vida sólo era posible con su existencia.

Los seres autótrofos eran los grandes beneficiarios de sus propiedades. Aunque no estaban contentos con su nombre, porque, ¿a quién le gusta que le digan “eres un ser autótrofo”? (¿A ti sí?. Hijo, eres muy raro…) eh… A lo que iba; no se quejaban porque no podían hablar, y porque, además, eran muy educados. De hecho, eran tan sumamente correctos que no necesitaban a otros seres vivos para alimentarse, se contentaban únicamente con elementos como el CO2 o la luz del sol que, encima, transformaban en oxígeno. A estos primos verdes los llamamos “vegetación” y “fotosíntesis” a su alimentación, que permitía a nuestros pulmones funcionar.

Pero un día la humanidad comenzó a producir más CO2 de lo que la vegetación podía absorber, y entonces se manchó su nombre (no hijo, no he terminado, deja el mando de la tele).

Ahora bien, un ser humano coherente pensó, ¿podemos reducir las emisiones?, y así se intentó, pero la codicia humana (sí, lo que llaman desarrollo económico) parecía arrastrar un pesado lastre del que era difícil escapar, así que, para lograr más efectividad, alguien pensó en plantar más árboles; absorberían el exceso de CO2 y el mundo volvería a ser más equilibrado. Y entonces nació Cooliflower y se asoció a las buenas personas de http://www.ceroco2.org/ …y la tierra volvió a respirar.

-y los organismos autótrofos siguieron estando hasta el gorro de su nombre, pero esa, hijo, es otra historia. , ya puedes encender la tele…-.

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