Pero… ¡¿qué %@$&$ significa orgánico?!

1 de julio de 2010

¡La comida ya está lista, Walter Ernest Christopher James! El menda tenía un nombre tan largo, que cuando terminaban de llamarle ya tenía la sopa fría. Menos mal que pasó a la historia como Lord Northbourne, un noble de título e intención, inventor del término “orgánico” en su libro “Look to the Land”.

¿Y qué es orgánico? Dices mientras clavas tu pupila en mi pupila azul… digo, en mi pupila marrón con motitas verdes -que sólo veo yo-. Orgánica eres tú, querida. Y yo. Y un rábano. Y un escarabajo pelotero… Orgánico, es un anglicismo que en castellano debería ser “biológico”. Así que estamos peor que al principio, porque todos los silenciosos vegetales -orgánicos o no- tienen vida. En realidad, para no liarnos, lo que se debería decir -aunque el término tampoco sea exacto- es “natural”.

Tomatoes-on-the-bush-WikipediaLord Northbourne, inventor de lo “orgánico”, observó que si se rompía el delicado equilibrio natural, el suelo se empobrecía. Él afirmaba: “La misma granja tiene que ser íntegramente biológica; debe ser una entidad viva, una unidad que contiene vida orgánica equilibrada”. ¿Existe, pues, una diferencia “real” entre orgánico y no orgánico? Sí, aunque no siempre sea visible. Lo orgánico respeta las leyes naturales, los ciclos de la tierra. Se utilizan rotaciones de cultivos, semillas no modificadas genéticamente ni bañadas en química. Cuando durante una año comes vegetales no orgánicos, puedes llegar a consumir dos kilogramos de productos químicos.

Mark Galvin, co-fundador de Irish Organic Herbs explica, “una manzana puede ser rociada hasta 26 veces antes de ser recogida”. Nadie -¡nadie!- conoce a ciencia cierta los efectos a medio-largo plazo de los químicos vertidos y mucho menos, de la manipulación genética, por lo que los fertilizantes y pesticidas sólo se retiran del mercado cuando el daño ya está hecho (ver aquí). Los vegetales orgánicos no nos utilizan de cobayas, no están modificados… no buscan la estética, sólo la ética, por eso son más caros… y menos “clónicos”.

Los productos orgánicos son ecológicos, respetan el cuerpo y la tierra, saben mejor y son más nutritivos, aunque haya estudios serios (¿?) que lo rebatan diciendo que mejor sabor o un 40% añadido de antioxidantes no significa que sean superiores… La pregunta es ¿quién paga los estudios… quién controla el mercado? ¡Acabáramos…!

A la vista de que la única alimentación verdaderamente natural es la “orgánica”, sugerimos utilizar una muletilla para los productos que no respetan las leyes naturales. Al pan orgánico llamémosle “pan”, y al otro -pura levadura congelada- “pan plastificado”. 😉

Vídeo: Despierta América “¿Valen la pena los productos orgánicos?”

 

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