Recordando a Haití

25 de octubre de 2010

Estimado Forges:

Hace tiempo que me pides que recuerde. Incluyes en tus viñetas de El País un pequeño espacio para los cortos de memoria, como yo. Me pides que no olvide a Haití. Te prometo que lo intento y el esfuerzo es ímprobo.

Parece poca cosa: no olvidar, que es distinto a recordar. Decía Salvador Dalí que la diferencia entre los recuerdos verdaderos y falsos, es similar a la que hay entre una joya de pega y otra genuina: lo falso suele ser mucho más brillante y real… El problema es que cuando recuerdo, sin querer, hago clic en la carpeta de favoritos del cerebro, esa materia gris algo obtusa y bastante desfragmentada por tanto zapping y desengaño. En la vitrina de la memoria, por recomendación clínica o cínica, hay espacio de sobra para lustrosos trofeos pasados o para la madre de algunas personas, pero muy poca para la vergüenza. Los recuerdos de “Haití triste”, lo reconozco, cohabitan en algún cajón neuronal con parejas desparejadas, sueños de barro cocido y tornillos que nunca encontraron rosca.

Haití (o el Congo, o Luisiana, o Aznalcóllar, o Etiopía o aquella señora que ayer lloraba en el parque, no sé el porqué) me duelen. Y lo doloroso tiende a la omisión voluntaria.

Ayer, leyendo un artículo, descubrí que Haití todavía existía y abrí el oscuro cajón de lo olvidado. Recordaba tu cruzada de ácidos bocadillos y hombres narigudos cuando ojeaba el diccionario para encontrar qué era exactamente el cólera: en masculino, es una enfermedad similar a una fuerte gastroenteritis. Suele estar causada por falta de higiene y agua potable contaminada. En femenino -claro- es ira; enfado desmesurado provocado, por ejemplo, al ignorar las enfermedades que causan la falta de higiene y el agua potable contaminada. Ambos problemas, como tú ya sabes, insistente Forges, se dan ahora en Haiti; el primero ya ha sumado 253 víctimas y el segundo, que empezó como un lejano y tenue zumbido, es un molesto pitido de oídos en la conciencia internacional.

Sólo quería darte las gracias porque tú no has olvidado y yo he vuelto a recordar, a pesar de que en todos los telediarios insistan en ocupar mis neuronas con los cuatro goles de Cristiano.

Un abrazo.

(Adjunto aquí un enlace para el recuerdo)

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