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Que el Banco Mundial respete a los cuentistas

11 de febrero de 2014

“En Kenia, policía forestal armada hasta los dientes acaba de reducir a cenizas los hogares de 1.000 familias indígenas para forzarlas a abandonar los bosques donde han vivido durante siglos. Estan desesperados, y necesitan nuestra ayuda, para salvar la tierra de sus orígenes antes de que sea destruida.

El Banco Mundial, que ya ha donado millones de dólares de nuestros impuestos a la policía forestal keniana responsable del aniquilamiento de esta comunidad, se encuentra ahora en una posición clave para presionar al Gobierno, al no haber desembolsado aún los fondos previstos para este año. Hasta ahora, el Banco no ha dicho ni pío pero, si suficientes de nosotros respondemos a este grito de auxilio, podemos presionarles para que exijan que este horror pare.”. FIRMA AQUÍ.

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El redactor de este blog (un sujeto más, dentro del gran equipo Cooliflower), es un cuentista. Pero mejor os relato este post en primera persona;  me hace sentirme importante rebuscando frases y escondiendo argumentos, como un atrilero profesional. No os molestéis en buscar la palabra: no existe, aunque merezca una acepción inventada: Atrilero. Persona que engaña fraudulentamente a la concurrencia desde un atril, escondiendo palabras e intenciones.

¿Por dónde iba? Ah, sí: Soy un cuentista. En el colegio, sin ir más lejos (porque no llegué mucho más lejos) se me acabó el cuaderno en mitad de una oración y por olvido, y por experimento, me mantuve tres semanas moviendo el lápiz en el aire como si copiara dictados. Qué caligrafía la mía, equilibrada, etérea, impoluta. No hay renglones más rectos que los que no se escriben. Cuando la maestra me descubrió… me perdonó por cuentista. A la señorita Pilar le hizo gracia un relato de mi cosecha sobre un marciano que reventaba la Tierra. Le caí en gracia por afinidad colérica: cualquier profesor con más de veinte años de profesión sueña con destruir el mundo con tizas atómicas, o borradores de destrucción masiva.

Ser cuentista no siempre funciona. Estoy vetado en una conocida ETT por enviar una carta de presentación explicando que fui el primer hombre en escalar todas las montañas de más de ocho mil metros sin oxígeno, y con una bombona de butano a la espalda. Y no exageré, comparado con los tipos que dejaban su email “pichurri69”. Tenía que destacar de entre la amalgama de candidatos expertos en Office, creyentes de que la letra cursiva es una tipografía remilagada y fucsia. Cuando conseguir una entrevista de trabajo se hace más complicado que desabrochar el sujetador de Scarlett Johansson (dios me oiga), renace el cuentista que uno lleva dentro. Cada día somos más cuentistas en este país de cuento, donde lo que cuenta son las cuentas, no lo que cuenta, ni cómo se cuenta.

Y bien, este cuentista, como muchos cooliflowerenses, es honrado funambulista de las palabras; equilibrista de la gramática que reescribiría un mundo mejor si se pudiera, párrafo a párrafo.

El post comenzaba pidiendo ayuda para evitar que el Banco Mundial siga infiltrándose en nuestro terreno, el de los juntaletras, periodistas, escritores o cuentistas con buena intención que crean para pulir realidades menos dolorosas. Os pedimos que firméis una petición y nos dejéis a los pobres escribidores ser voz muda, que no muerta. ¿Pero quién es el Banco Mundial? ¿Para qué cojones sirve?

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21 de Septiembre: Tú escribes la Historia

18 de septiembre de 2009

Cooliflowerenses, lo que ocurre con las revoluciones actuales es que es muy difícil encontrar culpables, y encima, cuando estos son visibles, debemos controlarnos aunque se nos hinche la vena del cuello. Eres civilizada/o -sí, salvo aquella vez en la fiesta-. Tus profesores, con criterio, te dijeron que la eutanasia obligatoria, del más hipócrita que hipocrático doctor Guillotin, era negativa para la salud, sobre todo para la salud ajena (Bien sûr!, dice el espíritu de Maria Antonieta!).22 Septiembre

 Ahora las revoluciones utilizan hemoglobina para regar el cerebro y no las calles, cosa mucho más práctica y menos escandalosa. Se planifican delante de la pantalla del ordenador para contrarrestar la estupidez global con propuestas globales. Es, más o menos, lo que intento explicarle a mi amigo anti-social: “No todo es malo en el mundo globalizado, existe la solidaridad, aunque, por favor, devuélveme mi colección de comics.”

 El día 21 de Septiembre haremos historia. Avaaz, como ya anticipamos (Haz clic aquí) ha conseguido que la gente se movilice con más de 1.500 manifestaciones y actividades en todo el mundo contra el cambio climático, además, sin necesidad de tener que salir por las calles gritando incongruencias y blandiendo una antorcha en busca de la turba más exaltada. Sólo debes acceder a esta página (Haz clic) y elegir el evento más apropiado y/o cercano a tu residencia… Y si no lo encuentras, lo puedes crear. Movilízate y Vive la révolution de forma pacífica y coherente, en modo Cooliflower. La Historia, amigo/a, la fabricamos nosotros.

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21 de Septiembre: Tú escribes la Historia