Mi tecnología, tu basura

11 de marzo de 2010

El lema de hoy día es renovarse o morir. Cambiamos de ordenador y teléfono móvil con la alegría de la moda y el empuje de precios baratos. Si funciona y es bueno, perfecto, pero si es nuevo mucho mejor y, total, para que nos den dos euros por el viejo PC de sobremesa -el que sonaba como un molinillo de café con anginas- mejor lo abandonamos.

El proceso que sigue la e-waste (alta tecnología en desuso) en muchos casos es un misterio. Ni siquiera sabemos con toda seguridad si se dirige a una planta de reciclaje, y en tal caso, en qué país se encuentra dicho vertedero. Los desechos tecnológicos requieren medios apropiados para su aprovechamiento, a veces más caros que la propia basura reciclada así que lo rentable es embarcar la mercancía rumbo a algún país distante (y untable) donde los dirigentes sean tan amables de acoger nuestros exiliados regalos de reyes obsoletos. Seguro que en… ¿Cómo se llamaba el lugar? sabrán que hacer con tanto chip y tanto plástico.

Greenpeace-chatarra electrónicaPor gentilezas civilizadas, se han creado macro-basureros en distintos lugares del mundo que coinciden en la precariedad del reciclaje y las pésimas condiciones de salubridad de los trabajadores. Los “recicladores” pertenecen a las clases más bajas de la sociedad que, como la necesidad apremia, acortan su vida por un quíteme allá ese cable. En este vídeo explican cómo cada sustancia afecta al cuerpo humano: El mercurio provoca daños cerebrales; el berilio, cáncer de pulmón; el cromo daña el ADN; el plomo destruye el sistema nervioso, reproductor, sanguíneo y los riñones; el bario es tóxico; el cobalto, radioactivo; el arsénico un poderoso veneno… sin contar con los cables fabricados con retardantes de llama químicos, que emiten gases tóxicos cuando son prendidos fuego.

Si queremos acabar con estos campos de concentración de silicio y berilio, lo mejor es fomentar leyes para que los productos especifiquen claramente su ausencia de toxinas, así como asegurarnos de su futuro rumbo antes de abandonar tecnología a la deriva. Tampoco es malo colaborar con ONG’s vinculadas al proceso de reciclaje del e-waste. Un ejemplo es el enlace que incluimos en la foto, donde es posible hacer presión sobre los fabricantes (que ya dio sus frutos en el caso del fabricante Philips). El link conduce a un apartado de Greenpeace con las fotos y la escalofriante narración de Robert Knoth, un periodista holandés que explica con detalle el funcionamiento de una de estas “plantas” en Paquistán. Os lo aseguramos, si lo visitáis, miraréis a la tecnología con otros ojos, unos ojos mucho más críticos.

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