Decrebilidad o globalismo

30 de septiembre de 2010

El artículo “Localism vs globalism: two world views collide” (Localismo frente a globalización: dos visiones del mundo chocan) de The Independent, confronta las ideas de Paul Ariès, un conocido activista anti-globalización y Peter Ainsworth ex – secretario de medio ambiente británico, ambos, ponentes de unas jornadas medioambientales en la ciudad de Lion.

“Si todo el mundo en nuestro planeta viviese como un europeo medio, necesitaríamos tres planetas para vivir; si todo el mundo tuviera el estilo de vida de un ciudadano medio de los Estados Unidos, necesitaríamos cinco planetas para vivir”, afirmaba Peter Ainsworth, defensor del desarrollo sostenible sin renunciar al crecimiento económico. Paul Ariès, más racial, menos comedido, no le quitaba razón pero discrepaba en la forma de combatir las desigualdades. Paul Ariès piensa que el desarrollo es incompatible con la sostenibilidad. Cree que el mundo debe dejar de consumir, frenar la producción y compartir los recursos trabajando a nivel local. Ambas visiones (sostenibilidad tecnológica y localismo y decrecimiento) confluyen en que el mundo, tal y cómo está, necesita alguna modificación para garantizar la supervivencia de la raza humana. Las dos visiones, defendidas por millones de personas, han tomado rumbos divergentes.

La Tierra, según Peter Ainsworth, no puede dejar de crecer porque el ser humano siempre aspira a más. El político inglés basa su teoría en la codicia humana (aspiraciones, dice él) y propone a las nuevas tecnologías como solución… aunque la ciencia aún no ha creado la tecnología que compense las ansias de poder.

La Tierra, según Paul Ariès, no puede seguir creciendo económicamente porque lleva a la desigualdad. Se renuncia, en parte, a la inventiva del ser humano volviendo a lo básico. El problema es que sólo pueden permitirse la opción de decrecer los países que ya son ricos.

Ambas hombres pasan por alto otra visión, aún por inventar, decrebible o globalista, en el que las ideas se complementen y mezclen apoyando economías locales, limitando el mercado y utilizando nuevas tecnologías sostenibles como soporte. No han caído en la cuenta de que cabe la posibilidad de decrecer sin retroceder, tecnificarse sin deshumanizarse, globalizar sin hundir mercados.

Porque ni ellos, ni sus millones de seguidores, han hecho autocrítica teniendo en cuenta aquello que dijo Oscar Wilde: “Siempre que la gente está de acuerdo conmigo, siento que debo de estar equivocado”.

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