El amor es idiota

11 de febrero de 2013

Gestos, movimientos, medida de hombros y caderas, simetría del rostro, brillo del pelo… y ese olor; cada persona con un aroma diferente, una fragancia que los hipotálamos saborean en su exquisita cata oculta. Datos interpretados de manera individual, en claves únicas para cada cerebro. Suenan los violines y las violas quieren ser verbo, y el cóctel de física y química, aliñado con convenciones sociales, atavismos (juventud, seguridad) traumas, recuerdos y la sal del narcisismo (me recuerdas a mí) activa las alarmas de la idiotez: ¡Mierda, me estoy enamorando!

 Cooliflower San ValentínEl chute químico de dopamina, noradrenalina y feniletilamina coloca al ser humano al nivel de chavales con sobredosis de chuches. Hiperactividad, taquicardia, falta de atención… Da igual si Cupido te ha endosado una mezcla de orco y pez espada: los niveles de serotonina disminuyen y el mundo desaparece; sólo tenemos ojos, memoria y sexo para él/ella. El amor de flechazo es un estado alterado de estupidez obsesivo-compulsiva de duración limitada, similar al de los consumidores de cocaína. Y aún así, es bonito… o desesperante, cuando llega el maldito san Valentín.

El 14 de febrero es una pistola en la sien del “me quieres” con su conciso y perverso libro de instrucciones: ¿Tienes pareja? Demuestra que aún te importa; en caso de futurible medio polvo, pulsa el botón del “aquí te espero, bien caliente”. Si amas en la distancia y tus sentimientos no son correspondidos, desaparece del mundo, miserable. San Valentín es el gran día… de los centros comerciales. Amar es no decir nunca “números rojos”.

Como el amor es idiota, y es un hecho que no cambia desde que todo el cuerpo de nuestros ancestros era una ceja infinita, insistimos año tras año: hay días suficientes como para demostrar a un ser querido lo que importa. Si quieres regalar algo, invierte en ternura, risas, paciencia, comprensión y apoyo, porque la pasión sigue su propio camino. Si lo aplicas, si aprendes a querer de verdad, quizá encuentres el verdadero amor de tu vida cuando los niveles del chute químico disminuyan. Serás consciente de que, camas aparte, detrás de ese bonito culo que no siempre lo será, hay una persona a la que admirar, alguien con quien compartir una vida. O dos.

(No hay nada más ecológico que ocultar la tarjeta de crédito y enseñar el corazón).

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