Alzheimer, úlceras y tontos ilustrados

20 de septiembre de 2011

 

Para luchar contra el alzheimer suprime la casualidad e investiga la causalidad. Recuerda a los que olvidan sin escoger y olvida a los que escogen no recordar.

Allí estaba, evidente. Alargada y con forma de extraterrestr

e pocoyizado. Los médicos habían observado a la helicobacter pylori haciendo botellón microscópico, pero su relación con gastritis y úlceras se negaba. ¡Quía: los culpables eran comidas picantes, mala vida y disgustos!

Andy Warren y su colega Barry Marshall creían que aquellas sosas bacterias eran el foco de problemas estomacales. Era tan sencillo, tan sumamente comprobable, que la comunidad científica no creyó ni palabra. ¡Toda la vida delante de un microscopio y los malos no eran jalapeños o jefes narcisistas! Barry, para demostrar la teoría, tuvo que tomar un empírico lingotazo de bacterias. Ambos, Warren y Marshall, se llevaron el premio Nobel en 2005, aunque la gastritis se la quedó Barry. La comida mejicana ganó enteros y los amantes de Tabasco y pollo korma pedimos ración doble para celebrarlo.

Y si no hubiese sido por aquella insistencia temeraria, las úlceras hubiesen seguido tratándose simplemente con antiácidos. Demasiados tontos ilustrados: incontables clérigos elucubran sobre células madre e innumerables doctos rechazan dogmas de fe. Así, el alzheimer (un proceso degenerativo del cerebro que conduce a la demencia y posteriormente, a la muerte) ha sido simplificado durante décadas como enfermedad inherente a la vejez o simple putadón hereditario, designio de Dios o malvada lotería genética. El caso es dejarnos en manos del destino (destino: excusa cobarde para vivir bajo el mínimo esfuerzo.).

(Sigue tras el salto)

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