Permafrost: ¡Uh!, ten miedo…

4 de septiembre de 2009

¡Llega el cuento de terror para el finde! Realmente “El terror no tiene forma”, pero la amenaza que llega del hielo no es “La cosa”, ni en su versión original ni en la multiforme de John Carpenter. Por efectos del calentamiento global, el mundo helado se derrite, los glaciares se resquebrajan y los pingüinos buscan vivienda. Se habla del aumento del nivel del mar y de movimientos migratorios. El nobelado Al Gore tiene la agenda tan repleta que imparte conferencias mientras se ducha y come un cruasán.

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Con el cambio climático, además de los efectos visibles vía satélite mostrando que el único hielo que quedará será el de las jarras de sangría, los científicos -señores con bata blanca que se mesan la barbilla- hablan de permafrost.

¿Qué ocurre con este nombre de villano de serie B? El permafrost ocupa el 20% de la tierra y lo forma la superficie -no necesariamente visible- que se mantiene congelada durante al menos un año. Cuando se deshiela, libera a la atmósfera CO2 y metano de organismos en descomposición. Es un cementerio de dióxido de carbono; poniéndonos en modo dramático, una bomba de relojería bajo la superficie helada.

Las cifras bailan y aumentan con cada nueva noticia. El círculo polar ártico contiene el doble (¿ahora el triple?) de dióxido de carbono de lo que se pensaba. El hielo se derrite, y los espíritus gaseosos de los mamuts dicen “¡Y somos nosotros los que nos extinguimos!”. Aquí os dejamos el cuento de terror Cooliflower. (Y buen fin de semana) 😉

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