El brazo ejecutor

17 de diciembre de 2012

“En 1996, la masacre de 32 personas en Port Arthur (Australia) provocó un importante esfuerzo gubernamental que tuvo premio. En los 18 años previos a aquellas reformas legales, Australia sufrió 13 matanzas; desde 1997, no ha sufrido ninguna más.” Leer en El economista.es.

“El Pleno del Congreso, con el voto del PP y del diputado de UPN, ha convalidado este jueves el decreto ley del Gobierno para dar al Ministerio de Defensa un crédito extraordinario de casi 1.800 millones de euros con el fin de “ponerse al día” con la industria armamentística y abonar compromisos pendientes de 2010 y 2011.”. Leer El Diario.es

¿Pero quiénes se habían creído ellos? Ignorantes, desalmados, cobardes fanfarrones… Pensaban que él no era nadie, pero les demostraría su valía. Y más que todos ellos juntos. Se arrepentirían, recordarían su nombre para siempre.

Con sus desdenes y palabras le amargaban la existencia. En el instituto nadie lo tomaba en serio. Era un paria, un freak… Carne de cañón y carnaza de burla. Sólo se había enamorado una vez. Sólo (mejor dicho) se había permitido el lujo de enamorarse una vez. Y llegó a querer de verdad. La idolatraba en su imaginación; la veía dulce y bonita, una brillante luz que iluminaba las siniestras aulas. Tardó semanas en decidirse hasta que Intentó decírselo; ella se burló. Las carcajadas se escucharon por todos los pasillos del instituto. Y aquella cruel risa permaneció en su cabeza para siempre.

Apaleado e ignorado, se despertó dispuesto a erguirse y gritar a su modo. Ejecutaría el plan. Llenó la mochila con todos los enseres necesarios. Se vistió de negro y dejó una nota sobre el escritorio.

Antes de entrar en el instituto, sufrió las habituales chanzas de un par de matones. No respondió; hablaría más tarde, a su modo.

Subió las escaleras y llegó a la primera aula. Abrió la bolsa. Tomó el bote de spray y, sonriendo, pintó en la pared “Sois unos cabronazos”. Un conserje le sorprendió, recriminó su gamberrada y lo llevó a dirección. Y justo en ese momento su madre encontró la nota con un escueto “Mamá, es posible que hoy llegue tarde a comer”.

(Siempre habrá violencia, pero sin armas no hay disparos).

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