Nueve mil, odio las matemáticas

29 de enero de 2011

Cuando nació Jesús de Nazaret la Tierra estaba habitada por 200 millones de humanos, aproximadamente el mismo número que vive hoy en Brasil.

En 1954, con un censo global cercano a los 2.700 millones de personas, un jovencísimo Elvis grababa su primer disco. 4.800 millones de personas respiraban cuando el Rainbow Warrior fue hundido en 1985. Ahora, mientras tú lees estas líneas, justo en el momento en el que llegas a este párrafo, habrán nacido 3.250 bebés, 102 millones de personas serán autistas, 2.350.000 estarán en la cárcel y más de 6.800 millones de personas buscarán un sentido a la vida.

En dos mil años nos hemos multiplicado por treinta y cuatro y perdido el setenta y ocho por ciento de los bosques primarios. En poco tiempo, en el 2050, 9.000 millones de personas poblarán la Tierra, el doble de gente que cuando Elvis aprendía a cantar, nueve veces el número de personas que festejaron la nochevieja de 1.800.

Por eso las matemáticas son tan odiosas, porque no disimulan lo viejo que eres y el poco dinero que puedes gastar, pero sobre todo impiden que el mundo -el que queremos ver, no el que realmente vemos- siga siendo maravilloso.

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