El carbón de la ira

10 de julio de 2012

 

Lo siento. Por su lucha, por los cientos de kilómetros recorridos, las noches en vela, las preocupaciones, las familias… Lo siento por la historia, los pueblos vinculados a la mina, el sudor de generaciones…

Y lo siento, porque por mucho que miro y remiro, y hago juegos malabares con los datos y los pongo del derecho o del revés, con todo el empeño del mundo para ser justo con los mineros, matando todo rastro de imparcialidad, resulta imposible decir “mineros somos todos”. Aunque las personas, y más las esforzadas, siempre estén antes que la economía y quisiera solidarizarme y apoyar y ser un muy poco Willy Toledo y un mucho Víctor Manuel. Y hablar con lírica antracítica y manida sobre las entrañas de la tierra, laberintos de penumbra y lágrimas negras.

Lo siento, pero no se puede, porque aquí tratamos asuntos sociales pero, sobre todo, ecología. Y seríamos hipócritas si nos posicionáramos en contra del gas “natural”, del petróleo y la energía nuclear, y lanzáramos proclamas apoyando al carbón, con el corazón enternecido por los tristes y pétreos rostros de los huelguistas.

 

Las minas de carbón en España apenas deberían existir. Y cómo duele decirlo, porque su garganta negra alimenta a cientos de familias. El carbón, como recurso energético, es limitado, caro y contaminante. Pero para que las minas desaparecieran, primero se debería crear un plan adecuado, sin hipocresía. Un plan en el que ninguna compañía eléctrica, bajo los auspicios del estado, mantenga sus centrales térmicas con carbón tercermundista mientras se cierran minas peninsulares. Un plan que cambie carbón por energías renovables. Un plan que ofrezca futuro a los pueblos que viven de la minería, antes de condenarlos al ostracismo y dejarlos a su suerte, respirando el grisú más dañino, el del abandono.

 

Lo siento. Y lo siento por las tradiciones, pero os digo que las tradiciones se labran en el presente, y el presente es maleable. Y, lo siento, porque quien dice que nace minero y muere minero hipoteca tanto a su humanidad, como a su descendencia. Somos libres para fabricar un nuevo destino.

(Si los incompetentes y altivos gobiernos quieren).

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