Refugiados, extranjeros clase C

29 de marzo de 2016

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Intriga el pensamiento que defiende la total libertad de movimiento por turismo, pone ciertos reparos a los traslados por trabajo, y se escandaliza por personas que viajan para salvar la vida. Es un orden establecido por el egoísmo: Al turista se le soporta cualquier desmán por dinero, de los trabajadores extranjeros se recela porque “vienen a quitar el sustento”. Los refugiados… Los refugiados no aportan nada, son simples personas desesperadas.

En la categoría de turistas, la más exclusiva, se mezcla gente de bien con chaperos, ex-convictos, hooligans, mafiosos, buscadores de sexo, encontradores de droga, lavanderos de dinero, amantes del balconing y alcohólicos profesionales. Si es necesario, creamos barrios a la medida de las desmanes, hacemos patria (la suya) y que disfruten la vida loca, mientras la tarjeta de crédito cuente con respaldo financiero.

Los trabajadores (todos tenemos antepasados desplazados por trabajo), son personas que han tomado la difícil decisión de abandonar su tierra para mejorar. La mayoría ni tan solo ha migrado por un mejor empleo, sino para mantener un plato de comida. Por cada directivo bien pagado encontramos mil campesinos, obreros de la construcción o camareros. Y despiertan retorcida envidia, trabajando en empleos contrarios a nuestra dignidad nacional. (¿Quién quiere recolectar tomates?)

Por último, llegan los refugiados. Se presentan como una plaga migratoria, como si fueran langostas hambrientas, rompiendo la paz de la sociedad por capricho o estacionalidad. Dejan atrás países en ruinas y desgracias inenarrables. Han abandonado otra vida porque sólo les quedaba muerte, y por ello les relegamos al rol de extranjeros, tercera clase. Y quizá entre ellos se encuentre el perfecto ciudadano, el nuevo Einstein, el descubridor de la vacuna contra el cáncer.

El futuro, por guerras o cambio climático, estará lleno de ellos, refugiados buscando un hogar; y ellos quizá se escriba nosotros. La vida es una lotería, amigo/a, ¿cómo te sentirás si te toca despertar sitiado, hambriento, apátrida?