Pero mira que se puede ser carbón…

29 de abril de 2016

En la siembra de votos se traspasa el umbral de la ideología para alcanzar el de la física, e incluso la metafísica. Ya sabes: todos quieren reprogramar el GPS cerebral para ser centristas (ese limbo ideológico que nadie entiende, y todos respetan). Ser “de centro” es decir enaltecido, sin alcohol ni drogas (visibles):  “soy ciudadano del mundo, y tú eres mi mejor amigo”.

En el mundo real la tendencia a tirar por la calle de en medio equivaldría a adornar toda opinión, por miedo al qué dirán. Es un pecado de quedabién en el que habrás caído en alguna ocasión, sobre todo si un mozo/moza te hacía pensar en películas de goce con poco presupuesto, y menos ropa: “¿La música heavy-metal? Oh, sí. Me encanta, sobre todo las baladas”. “Cine de Bergman… Fantástico. No recuerdo mucho, porque lo vi hace tiempo”. “Soy más de vino que de cerveza…”. Digamos que casi toda mentira blanca de corto alcance, o trola para roce de pubis consentido, está justificada. Ya sabías, desde el principio, que aquella persona con camiseta de Iron Maiden, y prominentes pectorales estaba regalándote los oídos cuando decía “a mí me gusta todo tipo de música”. Nos encanta embobarnos si finalizamos bobos, pero sonrientes.

En la parte que nos atañe (el mundo irreal), cuando un político te da la razón como si fueras tonto, es que sabe que lo eres. El único final feliz será el suyo. El flirteo acaba con un brindis adormecedor por lo memez. Y te despiertas en la cama con un ejecutivo que te ha desvirgado toda inocencia política, abusando de tu buena fe. La cara de panoli, en efecto, se queda de por vida.

Así ha sido en Europa. Engañados, se nos llenaba la calle de gente sin hogar, y hogares sin gente, los precios subían, los sueldos bajaban, las leyes medioambientales morían y los partidos mayoritarios, unidos en su “centrismo” nos metieron el TTIP con nocturnidad y vaselina; decidieron por ti, por todos nosotros, un tratado que anula toda ley democrática. Y después, con la inercia del desgobierno, llegó la ayuda al carbón. 32.000 millones de euros lleva gastados España en mantener en el siglo XXI una fuente energética sin lógica social, ni medioambiental. Pero la minería suma votos (no lo llames amor, llámalo voto).

Los abnegados mineros, que a estas alturas de la historia podrían ser fontaneros, cirujanos… o presidentes del gobierno, siempre quedarán bien en la imagen, renegridos y agotados, al lado de un señor con traje.

El “centro”, siempre se pone al lado del pueblo. Cuando hay foto.