Derecho a usar el sol, ventaja del no-gobierno

26 de febrero de 2016

“227 diputados se han comprometido a derogar el impuesto al sol”.

Las democracias jóvenes también crecen, se desarrollan hasta alcanzar la madurez. Cuarenta años, en edad de democracia, es edad de desarrollo, rebeldía, estupidez… El Gobierno (El Góber, pa’ los colegas), sin ir más cerca, está abandonando la niñez; el pobre se ha visto abandonado y lleno de acné.

Y todo ha sido de la noche a la mañana. El Góber se levantó un día creyéndose guapo, el más Popular de la clase, y terminó castigado y sin amigos. Eh, no sintamos demasiada lástima por él, se lo tenía merecido: se había vuelto un niñato insoportable y malcriado. Con el consentimiento de La Familia, lo mismo se ponía a jugar al Candy-Crush en clase, como te ensuciaba una playa con cemento. El Góber, que recibió la peor educación, en los mejores colegios, exprimía la noche de farra, al caloret, dejando todo hecho unos zorros. Así pasa con todos los buenos niños cuando, ya talluditos, siguen tratados como bebés. A El Góber le gustaría ser adulto, pero no le dejan. Se pasa el día haciéndose selfies, con cara de enfado. Cuando no le ven llora como un libro de Corin Tellado. Está en su cuarto castigado sin postre, ni tarjeta de crédito.

En el salón se ha reunido toda la familia (excepto La Familia, la de don Vito) decidiendo qué medidas tomar. Para empezar han planificado un gran cambio en su educación… ¿Qué fue eso de quitarles sol, y bocadillo, a sus compañeros de instituto? La familia quiere devolver a los chavales lo suyo, en cuanto tengan tiempo. Entre lamentos se replantean qué clase de estudios está recibiendo el otrora buen chaval: “¿En qué nos equivocamos?”, se preguntan, y recuerdan aquella vez en que se vieron desbordados y llamaron al programa Hermano Mayor, edición Alemania. Desde entonces El Góber, el que fuera un adolescente atolondrado, pero sincero, es un mentiroso compulsivo.

Y así pasan los días. Y las cosas siguen mejorando, entre reflexiones paternales y arrepentimiento, mientras El Góber, niñato malcriado, permanece encerrado en su cuarto, enfadado y ajeno a toda decisión. Quizá sea mejor así.