El censor de Facebook

11 de febrero de 2016

Este artículo comienza con una petición: Una vez leído y si crees que la información es relevante, compártelo. No te lo pediríamos abiertamente si Facebook no hubiera censurado todos nuestros últimos artículos. Nos impiden promocionar los textos por algún turbio asunto relacionado con la venta de productos eróticos…

(Sí, somos un blog sobre ecología. Y no, no “vendemos” nada que no sea información, y menos erótico, aunque en ocasiones publiquemos la foto de alguna hortaliza alargada y provocativa).

TRAMA: Era un día como otra cualquiera en la ciudad, nada hacía sospechar el alto nivel de delincuencia en los párrafos que tecleábamos. En la calle, todo normalidad cotidiana: los camellos fichaban puntuales en sus callejones, algunos turistas ebrios chocaban contra los camellos y los policías multaban a los indigentes, menos rápidos que los carteristas.

Mientras tanto, frente a un ordenador portátil, unas ágiles manos (bajo el estándar de los que escriben con tres dedos) perpetraban un post con chiste final. En la última frase se hacía una terrible comparación entre los exagerados envoltorios de Amazon y su contenido. La frase en cuestión era algo así: “En Amazon desconocen que por más grande que sea el paquete, no incrementa el interior: sería como si un ciudadano medio comprara preservativos XXL para mejorar su pene”. Ah, poco sospechaba el redactor delincuente que en la red, cual malvado titiritero, sus palabras serían consideradas inapropiadas. El intento de promoción fue abortado con el siguiente mensaje:

Cooliflower

Y ya dio igual borrar la frase, modificar el texto, o hacer vudú. La prohibición para llegar a más personas quedó establecida. Desde ese momento, cualquier texto Cooliflower ha formado parte de una red de venta de artículos eróticos, según Facebook. A “Amazon vs Amazonia” le siguió “La mujer que casi eliminó las armas nucleares”, otro fiasco; nuestro particular homenaje a Conchita, la indomable gallega, volvió a dar como resultado “promoción de servicios para adultos”. El último artículo consiguió saltarse el filtro durante 24 horas, antes de recibir la misma comunicación.

Personas lectoras: ¿Habéis intentado contactar con el servicio de atención al cliente de Facebook? Intentadlo: ¿EXISTE?. A cambio has de moverte por foros donde afectados estupefactos preguntan, y de vez en cuando son respondidos por otros usuarios que remiten a las páginas de ayuda. Algunos lo llaman “colaboración”, cuando se podría llamar “ahorrarte salarios”.

Y así andamos, enfadados, impotentes… (que ironía). El penegate nos ha pillado en plena remodelación de Cooliflower, ampliando contenidos, contactando con colaboradores y sin poder llegar a más gente, todo por un sistema automático que se activa celosamente cuando detecta sexo, en una red social llena de él.

Vaya mundo.