¡Con ustedes, el gran Jordi Évole!

19 de febrero de 2016

Hablemos de España, aunque se podría aplicar a cualquier otro país.

Se ha hablado largo y (en)tendido sobre las causas de la crisis económica y social. Entre los culpables estarían las grandes corporaciones, el injusto orden social, los mercados, los illuminati, el cambio climático, las religiones, los fachas, los griegos, los alemanes, los bolivarianos, los tipos con corbata, y tu primo, el que se compró dos pisos. Todos culpables, por lo visto, excepto los que deberían haber descubierto el pastel. El Cuarto Poder, periodistas con y sin título, repartían su tiempo entre blogs insulsos, exclusivas de hace-calor-en-agosto, y los novios de La Pantoja.

Fue el principio del fin; la información agonizaba.

El reportero de oficio arriesgado, irónico, detective, descubridor de watergates, había fallecido víctima del estado del bienestar. Tal y como ahora los cocineros (perdón, chefs) son las nuevas rock star, el gremio de periodistas se subió a la parra; y del endiosamiento, al apalanque, sólo hay un par de gin-tonic. Vivían juntos en un patio de vecinas… un patio exclusivo, eso sí; demasiado para ensuciarse las manos en el barro de la investigación. Vestían la información de amarillo, o rosa, lo fácil en un oficio difícil. El mundo de la información se dividió en dos grandes categorías: Becarios, chavales sin voz ni voto, con ganas de ser un periodista de verdad, y tertulianos omniscientes, lo que sería una panda de cuñados a sueldo. Se mantenía una tercera categoría para los escasos “Iñaqui Gabilondo” de la profesión, la excepción que confirma el sepelio.

El padre espiritual (y un poco genético) de Jordi

El padre espiritual (y un poco genético) de Jordi

En esa época reciente, cuando nadie daba un euro por el periodismo real, un tal Jordi Évole nos engañó a todos con un programa de humor… ¿Humor? Te reías de las locuras de un catalán salao, que los hay; con los catalanes ocurre un poco como con los andaluces, pero a la inversa: se les supone demasiado serios, pero el que es divertido, es más cachondo que nadie. Sin embargo, la gracia del programa, la que lo ha mantenido en antena ha sido su falta de gracia; es decir: Jordi Évole nos engañaba porque lo importante era la información, el poso. Nos hizo el truco del maestro divertido, el que entre chiste y chiste hace que te aprendas la lección, pese a tus esfuerzos por seguir siendo un zoquete. Viva el método de enseñanza Jordi Évole-Michael Moore (curiosa, también, la transformación física hacia el americano).

Todo este artículo tenía un sentido: El próximo domingo, fiel a su cita con fieles, llega una nueva entrega de Salvados que promete ser un duro revés para el Fast Fashion, la locura de las colecciones de ropa a bajo coste que “obliga” a cambiar las prendas en poco tiempo, mientras esclaviza a países demasiado lejanos. En Cooliflower os animamos a verlo.

Esperamos otro gran programa de investigación, y quizá sin esbozar una sonrisa. Jordi Évole, ex-Follonero, es desde hace tiempo, simplemente y en mayúsculas: EL PERIODISTA. Bromas aparte.