Veganos sí, vegaidistas no

4 de noviembre de 2015

Es una noche de terror, ¡Halloween, en Picadilly Circus! Entre vampiresas, zombis, y borrachos (todos disfrazados de ellos mismos), un grupo de veganos radicales ejecuta una sanguinolenta performance.

Varios participantes yacen en el suelo, aparentemente despellejados. Otro de ellos, de pie y con bata blanca ensangrentada, lanza proclamas incendiarias en las que no faltan palabras como “murder” o “killer”. El resto de voluntarios reparte octavillas anunciando: “Green is the new black.”. En el breve texto explican cómo ser vegano es la nueva moda; comienzan con el aplomo de cualquier secta, prometiendo la panacea universal: “El veganismo es la navaja suiza del futuro. Un estilo de vida vegano resolverá nuestros problemas de agua, medioambientales, de salud humana y finalizará la crueldad para siempre”. Se acabaron las guerras. Llega el paraíso en la Tierra, alabada sea la zanahoria.

Al tiempo que reparten octavillas, intentan inculcar su doctrina face-to-face. Cuando preguntan por nuestra procedencia nos regañan con sonrisa pasivo-agresiva (muy británica) por las corridas de toros. Estamos de fiesta y tampoco es momento de explicarles la realidad, que nos repugna la tauromaquia tanto o más que a la mayoría de personas no jubiladas.

Leemos la octavilla con más detenimiento y nos enteramos que los cerdos tienen el mismo nivel de inteligencia que un niño de tres años. Somos más defensores de lo animales que nadie, pero jamás pondremos a la misma altura a un ser humano y a un cerdo, por mono y sonrosado que sea. Si poseen tal nivel habrá que iniciar una conversación con un cerdo trufero; será interesante conocer el punto de vista de nuestros primos. También sostienen que los hombres estamos diseñados para ser 100% vegetarianos, aunque ningún científico serio, a tenor de nuestro diseño anatómico, sostenga dicha hipótesis. Venerada sea la palabra del profeta tubérculo.

En el texto hay otros datos, interesantes y fidedignos, como los que hablan de la incidencia de las granjas en la generación de gases efecto invernadero… aunque de nuevo vuelvan a desbarrar hablando sobre el cultivo de cereales para alimentar al ganado, como si el agua utilizada en agricultura para veganos surgiera del éter.

En definitiva: gritos, esperpento y datos ficticios mezclados con datos reales, en una auténtica noche de miedo londinense, desperdiciando una ocasión de oro para explicar un estilo de vida saludable, pero optativo, con la posibilidad de combinarlo con alimentación omnívora responsable. Podrían haber sido más realistas, menos elitistas, menos “si no estás con nosotros, serás el enemigo”. Seguro que obtendrían muchos simpatizantes, en vez de unos pocos vegaidistas.