Un crochet en campaña

17 de diciembre de 2015

Nos levantamos hoy con mal sabor de boca y sensación de culpabilidad por exceso de imaginación. Una cosa es soñar con soplamocos-bajahumos, y otra diferente verlos de verdad, a cámara lenta.

Ayer, en medio de la campaña electoral, un joven (tan joven como inconsciente) lanzó un crochet de izquierda sobre el candidato a presidente, jefe de este tinglado llamado gobierno. El rostro del pobre Mariano quedó tumefacto y sus gafas perdieron la batalla electoral por nocaut. En aquel momento toda la sensación acumulada de “aquí nunca pasa nada”, de impunidad caciquil, de decretazos, mordazas e impuestos al sol dio paso a un breve momento de alegría.

Lamentable, pero real. Fue sólo un instante, de esos que hacen sentirte una persona horrible, como cuando alguien se pega un talegazo y la carcajada espontánea precede al “¿estás bien?”. Maldito subconsciente. Menos mal que la lengua arregla los desaguisados de las neuronas, cuando estas últimas va con piloto automático.

Hoy, recordando el penoso momento pugilístico, los periodistas amantes de la bilis han creado un perfil infalible de agresor: cualquier persona de izquierdas, aficionada al fútbol y al rap, lo que pone en sospecha a la mitad de la población menor de treinta años. ¿Os imagináis persiguiendo a todos los abstemios y vegetarianos, amantes del arte clásico, porque coinciden con el perfil de Hitler? La mala baba es tan poco selectiva que puede llevar tanto pantalones cagados, como trajes de Armani.

Dicho lo cual, sin más dilación y deseando una baja hinchazón a Mariano, nos centramos en el meollo del asunto: llegan las elecciones, y debemos dar gracias a Greenpeace por habérnoslo puesto tan fácil para elegir en materia ecológica, basándose puramente en hechos y programas sin insultos ni mamporros. Aquí se encuentra el análisis pormenorizado, para votar con conocimiento de causa.

Vivimos en una democracia y los crochet, sean de izquierdas o derechas, se dan en las urnas, a golpe de voto. Nadie merece un soplamocos, ni aunque lo merezca.

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