Señor Rajoy, acabe ya

18 de noviembre de 2015

“La política energética del Ejecutivo Rajoy, cada vez más cerca del banquillo.”

(…)

” Eso dice un grupo de eurodiputados españoles en una carta que ha enviado al presidente de la CE, Jean-Claude Juncker, y a la comisaria de Competencia, Margrethe Vestager. Una carta en la que acusan al Ejecutivo Rajoy -al actual Gobierno del Reino de España- de haberse autodenunciado para que la UE se centre en esa autodenuncia y suspenda la tramitación de los “numerosísimos procedimientos contencioso-administrativos” presentados contra el RD 413. (…)”.

Es difícil empatizar con él, salvo por sus hechuras de hombre torpón y metepatas. A veces hasta produce ternura; es un poco el gemelo barbudo y mutante de monsieur Hulot, siempre sorprendido por las modernidadesh.

Camina con un raro paso en el que sus brazos se mueven desquiciados, como si fueran dos baguettes congeladas. Se le escapan tics cuando su cerebro cortocircuita, lo que es bueno para vacunar al espectador contra decepciones (si la cara es el espejo del alma, la suya es un escaparate de intenciones). Su lengua ejecuta cabriolas como si disfrutara morreando a un amigo imaginario. En ocasiones (no sabemos si ve muertos) abre mucho los ojos, contemplando una realidad que sólo él, Elmo y quizá Soraya, pueden llegar a ver.

Es un humorista nato por explotar; las generaciones futuras reconocerán su gracia, cuando se les pase el cabreo por heredar la política ecológica más perversa que recuerdan. Uno de sus números más divertidos es ése en el que saca una gráfica absurda, la enseña a toda prisa, y demuestra la cuadratura del círculo. Ahora le ha dado por ser runner (se acercan las elecciones), y sale a hacer deporte con sus baguettes congeladas. Se le deben escapar algunas lagrimitas, al pobre, cuando compara sus lorzas con la tableta de chocolate de Aznar. Ni proteína, ni repeticiones: la mala leche concentrada sí que define.

Le acusan de ser poco de su tierra, ya que ni fala galego. ¡Qué mentira! Un tipo que contesta con preguntas, se sale por la tangente, habla con crípticas frases (dignas de un aquelarre) y en materia retórica  es completo fan del se chove, que chova es muy gallego, carallo. Tan gallego que ni vive en su tierra.

Aunque lo que mejor le retrata son sus paradojas: hablamos de un notario que nunca da fe, de un primer ministro que siempre aparece el último. Está reñido con el progreso, pero es fan de las ruedas de prensa en plasma. Defiende la patria, pero la vende al mejor postor. Busca la unidad, y ha generado más independentistas que nunca.

Ha conseguido que cualquier persona sin voto definido, pero preocupada por la ecología, comparta una idea: No saben a quién votar, pero sí a quién botar.