Ropa zombi

16 de octubre de 2015

Si a George A. Romero (La noche de los muertos vivientes), tan crítico con la sociedad de consumo, le hubieran vaticinado la subcultura de merchandising actual, por sus apocalípticas ideas… quién sabe. El señor Romero está vivo, barbudo y feliz de ser el creador de muchedumbres ansiosas de sangres. Y también de los modernos zombis.

El concepto “muerto viviente” está de moda, y es aplicable al fondo de tu armario, una pequeña cripta con olor a resaca. Aún esperas que la pana resurja de su tumba y vuelva a ponerse de moda. Te gustaría encontrar una ocasión para vestir esa falda imposible, o aquellos pantalones difuntos. Estás rodeado/a de ropa zombi, más muerta que el VHS.

En medio de la cultura slow fashion, podrías plantearte donar, pero más cerca. Una donación es un regalo desgravable de la cuenta corriente o de la mala conciencia. Dar a un tercero es un acto de generosidad, pero si lo reciclas para ti, será algo más que un regalo: te habrás hecho un trasplante de dinero, un complemento de moda remozada, cosecha del 98. Y lo tienes más fácil de lo que crees.

Estamos en época de recortes, y con sólo unas tijeras los tejanos menos vestibles se podrán ajustar al largo de la moda veraniega que toque, ya sea marcar glúteo, hígado, o pantorrilla. A tijeretazos, las camisas de manga larga de cuadros se vuelven sobrecamisas y las camisetas más cutres, modernas piezas para ir a playa luciendo lorza o abdominal. Cortando las extremidades a tu rompa zombi, lanzarás toda una colección primavera-verano.

Estudia el resto de tu colección de rompa zombi y descubrirás que algunas prendas están más vivas de lo que pensabas. Para bien y para mal, todo vuelve, hasta los pantalones de campana. Consulta las páginas de moda y te sorprenderás de más de una tendencia que yacía difunta en tu nicho de Ikea, junto a los calcetines desparejados y un sombrero mejicano (que nadie recuerda cómo llegó ahí).

Y si tienes suficiente personalidad y redaños, recuerda el consejo más valioso que sólo te lo podrá dar la acumulación de edad (síntoma de desvergüenza). Escucha a tus mayores cuando dicen “a mí lo que me importa es estar cómodo”. Realmente, no hay nada más ecológico y sostenible que un abuelo vistiendo lo que le da la santa gana, para él no hay ropa zombi que valga.