Ferias ecológicas, cada vez más lógicas

15 de mayo de 2015

¡Qué gran cambio! Hace unos años dedicamos unas líneas a Biocultura Madrid. Si volvéis a leer lo que entonces publicábamos, encontraréis una indisimulada decepción.

Hablábamos así: Malinterpretamos la ecología llevándola a pensamientos technicolor. “Productos orgánicos, amasados por monjes tibetanos alimentados por vegetales felices, cortados sin sufrimiento por agricultores sonrientes en noches de plenilunio”. Basta. Si la chorrada sirve para cobrar 5 euros por un panecillo, de ecológico tiene lo que Rajoy de rastafari.”.

En el 2015 podemos afirmar que la idea de ecología en las ferias está progresando adecuadamente; cada vez se acerca más a todas las personas, las de la calle, no necesariamente hippies, ni activistas vociferantes con el ombligo al aire, aunque todavía se encuentre algún amuleto o piedrolo “sanador”. Un sujeto que se preocupe por el medioambiente, cuide la ropa que viste y los productos que consume podrá ir ataviado de ejecutivo, o nini. Ser ecologista no es ir disfrazado de ecologista.

leche y lacteos

Biocultura 2015 ha sido un soplo de aire fresco porque lo verde es menos rojo-prohibición; los precios son asequibles, más cercanos al consumidor en crisis (90% de la población). La gama de productos se ha diversificado y, gracias a Gaia, cada día se aleja un poco más del rollo medieval que nada tiene que ver con el pragmatismo respetuoso con la Tierra. Se expande la sostenibilidad y lo “bio” hacia los avances tecnológicos, la arquitectura, las reformas en el hogar, la cosmética… pero sobre todo hacia el pensamiento.

Buenas ponencias para visitantes que demuestran interés por yogur de vacas desestresadas, pero también por información pura y dura. Fijaos en este detalle: cada vez más personas hablan de exclusividad, cuando la única exclusividad es la del pensamiento propio, original. ¡Fabricar nuevas ideas, eso es ser exclusivo!

Biocultura 2015, empapada en buena cerveza artesana y versiones pop a la flauta travesera cada año se cree un poco más a sí misma, sin necesidad de convertir a los asistentes en superhéroes con chanclas, ricos con aspiraciones de greenwashing o percusionistas de bongos. A ver si el año que viene se pierden aun un poco más los complejos, y hasta es posible escuchar música rock. AC/DC, que sepamos, no destruye la capa de ozono.

Bajo estas líneas, parte de la charla de nuestro compañero Santi Mallorquí Gou “El algodón engaña” sobre el proyecto de Organic Cotton Colours en Brasil con trabajadores independientes, dueños de sus propias parcelas (y dueños de sus vidas).