(Algo parecido a) La felicidad en 2016, en dos pasos

29 de diciembre de 2015

Cada cambio de año nos proponemos una lista de mejoras. Se suelen quedar en meros bocetos, arrastrados de un año a otro. Los buenos propósitos son facturas proforma que dicta el corazón (la víscera más comercial), pendientes de que el departamento cerebral acepte el presupuesto.

Para el 2016 os regalamos dos pasos hacia (algo parecido a) la felicidad, antes de empezar manos a la obra proforma.

Paso 1: Hazte las paces.

Cuando crecemos, más que cumplir años, nos formateamos. Nos queremos reinventar, cuando lo que hacemos es re-olvidar.

Todos tenemos motivos para recordar sólo lo justo. Quizá fuiste el gordito de la clase: el niño con mofletes sonrosados que odia la clase de gimnasia, más que la de matemáticas; o la tímida deseando ser tragada por la tierra cuando salía a la pizarra. Puede que fueras tan común que nadie te diferenciara de la papelera, o tan popular que nunca aceptaras ser uno más, ya finalizado tu reinado. Lo mismo eras de los que leía, besaba, y/o fumaba a escondidas, o esperabas un momento propicio para sentirte con una sexualidad distinta. Es indiferente: Llegó la goma-2 de la adolescencia y dinamitó lo que fuiste. Y con la voladura descontrolada, marchó parte de tus cualidades y una enorme porción de tus ilusiones.

Regresar a los orígenes es reencontrarse con el chaval que dejaste colgado porque no cumplía tus expectativas de adulto. Piensa en cómo te vería él, cómo te juzgaría la versión infantil de ti mismo. ¿Te querrías? ¿Luchaste por sus sueños? ¿Se sentiría orgulloso/sa de ti? Hazte las paces.

Paso 2: Respira.

Guardemos un minuto de silencio por la competitividad mal entendida, la que nos dejó tan sumamente tarados. Vaya fauna.

Nos han hablado infinidad de veces de la sociedad depredadora, de la jungla de asfalto, del homo homini lupus… Despertamos pensando en la lucha diaria, creemos que batallar como cabrones es la forma de lograr el éxito (¿y qué es el éxito?). Llega un momento en el que, entre el ruido de espadas, el objetivo se pierde; sólo queda una constante lucha, en ocasiones irrazonable, por estudios inútiles, trabajo mal pagado, pareja desparejada, im-posición social… ¿Todo te merece la pena? Párate y respira.

Cuando las batallas dejan demasiadas víctimas y cicatrices que no sanan, la victoria sabe a derrota. Párate. Párate y respira hondo. No te sientas obligado/a a hacerte cargo de guerras perdidas. Has venido a este mundo a pasar un buen rato, con la sana intención de vivir lo mejor posible sin joder al prójimo, salvo en la primera acepción de la palabra. Ser valiente no es partirse la cara contra el mundo, sino saber decir «qué demonios», y respirar con calma mientras tu entorno enloquece buscando cosas innecesarias. Vive, deja vivir, y lucha por causas que merezcan la pena alegría.

¡Feliz 2016, cooliflowerenses! 😉