3 consejos para una vuelta al cole sostenible

31 de agosto de 2015

Llega septiembre, cuando realmente el año comienza con la ceremonia de desintegración de los Barbie-Kent. El aspecto de modelo con escasez de centímetros se va con los lavados.

Se acaba la sonrisa resplandeciente, la que por contraste con la piel broncínea blanquea hasta el los dientes más amarillos. El lustre se marcha vía agua y esponja, como si en vez de horas de sol, se hubieran tomado horas de mugre. La operación biquini ha dado paso a la lorza mojitera, y los gimnasios se llenan de vigoréxicos atrapados en el cuerpo de fofisanos. Se disparará la venta de complementos para aparentar ser runner corriendo diez minutos (ropa sintética apestosa, mallas marcando respectivo género). Vuelta al trabajo, y a las promesas para los meses venideros canceladas hasta el año oficial. Volvemos al mundo real, el de tono de piel Iniesta y tardes de domingo mortales. Vaya papelón. Y más si eres padre con niño en edad escolar; la vuelta al cole llamará a tu puerta como un sicario con sonrisa de plata al que nada se le niega.

Los chavales vuelven a las clases, alguno hasta con ganas de estudiar (hay niños muy raros) y para empezar el curso los padres se habrán gastado de media cerca de 900€. Es un pastizal sí, además de ser ilógico, y nada sostenible. Se puede mejorar con estos sencillos pasos:

  • Ropa. Seguro que te criaste en un mundo donde los niños aún heredaban la ropa; y era lo más natural: a un niño le resultarán inservibles las prendas en poco tiempo; antes que se desgasten unos pantalones, ya estará enseñando los tobillos. Existe una cultura absurda que hace trendy la ropa de segunda mano para adultos, y se horroriza si un niño lleva algo seminuevo. Recicla, no te arruinarás y serás más ecológico. Consulta con tus amigos, fuera vergüenzas.
  • Comida. Los comedores son una gran ayuda para las familias con poco tiempo, y la bollería industrial una gran lacra para la salud familiar (y la economía). Un bocadillo bien preparado es mucho más nutritivo que cualquier bollo azucarado (fuente de grasas saturadas y potenciales caries). Cuesta muy poco tiempo, y sale más barato ser gourmet en la merienda o el desayuno. Utiliza tu tiempo en educar el estómago de tus chavales y los niños lo agradecerán, estarán más sanos, con más energía… y se asemejarán menos a una peonza.
  • Libros. En España ha habido nada menos que cinco planes distintos de educación en la historia moderna (sin contar las barbaridades anuales, ni las características propias de cada región). Gracias a ese desconcierto se está mucho más cerca de Tailandia que de Finlandia en nivel educativo, y los editores de libros de texto veranean en las Bahamas. Es imperativo y ecológico reciclar libros, y no descartar ediciones antiguas. También se debe presionar a los colegios para que utilicen los textos como recurso, y no como moda pasajera. Los libros de matemáticas de 2015 y 1995 enseñaban lo mismo. La diferencia estriba en el uso, y la marca el educador. ¡Defiende tu derecho a una educación gratuita!