Transgénicos de autor (I)

11 de julio de 2014

Extracto de la página de Monsanto, sobre demandas a agricultores:

“Hacer cumplir la ley de patentes no es muy diferente de la aplicación de otras leyes (…) Cuando un agricultor ve a otro agricultor guardando semillas patentadas, es normal que informen sobre esto. (..) La gran mayoría de agricultores que son confrontados con hechos que prueban su infracción, admiten la falta y pagan un acuerdo.”.

Hablar de transgénicos es hablar de Monsanto, la empresa norteamericana que domina el mundo de los cultivos modificados. Para quien no los conozca todavía: se trata de la SGAE de la industria genética. Sí, somos conscientes de que ni los autores asociados, ni la propia Monsanto estarán muy contentos con la comparación, pero no se nos ocurre nada más cercano. Lo explicaremos someramente con las situaciones A y B.

A – Un sujeto cualquiera se encuentra secuestrado invitado en una boda. Como debe amortizar el pico que le ha costado el traje, más el sobre para los novios, decide tomar el micro y cantar algo de de Nino Bravo (todo hombre alcoholizado que se precie debe interpretar a Nino Bravo, al menos una vez en su vida). En la sala hay un señor con la cara de Jordi Hurtado que inspecciona con ojos de Terminator y risilla de Montoro. Es un trabajador de la SGAE, grabando canciones. Después, en su cubil, redactará una demanda reclamando derechos de autor. Como los auditores, las exparejas, y los parientes lejanos, se manifiesta sin que nadie lo llame para tocar las narices, cuando no sobar elementos situados dos palmos por debajo del ombligo.

B – Un sujeto estadounidense cualquiera cultiva su campo con colza. Los inspectores de Monsanto se presentan de estranjis, recogen muestras, y si encuentran restos de las plantas que ellos comercializan, demandan al agricultor. Habitualmente, el buen señor que recibe la carta no tiene ni idea de lo que le están hablando. Él no ha comprado semillas modificadas genéticamente. Eso no importa, al menos según las leyes de EEUU, si una semillita de un campo cercano ha contaminado el cultivo, eres culpable de infringir una patente. El agricultor puede escoger acudir a un juicio, que perderá, o apoquinar “el canon”. En realidad Monsanto es mucho peor que la SGAE; es como si un señor se colara en tu salón cantando, con voz tétrica, “Noelia” y encima tuvieras que pagar por haberlo permitido.

Diréis: “Ah, esto no es EEUU”, y tendréis parte de razón. De momento, a las grandes corporaciones no les ha dado por demandar a los agricultores españoles, pero el problema ya comienza a ser grave. Mientras en casi toda Europa se han prohibido los cultivos transgénicos (en Francia, por ejemplo, se habla abiertamente de los perjuicios del maíz MON 810), España se aísla con una legislación que permite transgénicos, y sin apenas control. Los cultivos convencionales pueden ser contaminados impunemente, con los graves perjuicios que se ocasionan… y que serán relatados en Transgénicos de autor II, la mejor segunda parte de la historia, tras El Padrino.

Buen fin de semana, Cooliflowerenses. 🙂 Que no os contaminen los genes del buen humor.