Lee, ten voz propia

23 de abril de 2014

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Lee. Lee todo lo que puedas y más. Y no escatimes miradas, ni segundas lecturas.

Lee los carteles de la carretera, las indicaciones a otros lugares, la letra pequeña de los medicamentos, el ácido ascórbico de los zumos. Lee ese pedazo de papel que alguien olvidó, con una frase misteriosa hasta que adquiera significado. Hazla tuya, es cuestión de tiempo.

Ve a la biblioteca, y elige libros al azar. Autores desconocidos, palabras inesperadas. Conviértete en un explorador de mundos imprevistos; desvíate de la senda del conocimiento trazado. Vive como un salvaje ilustrado, recorriendo parajes gramaticales sin destino. Surca mares de ideas escritas un año, veinte… ¡diez siglos atrás! Piérdete en el conocimiento de los libros, revistas, periódicos, frases inconclusas, porque todo lo que leas te ha de servir: de un modo misterioso, las piezas del rompecabezas se irán juntando y te mostrarán las claves un aprendizaje eterno.

Hazlo, porque si devoras las frases, como un animal sin rumbo, reconocerás los matices del alma humana. Por fuera (solo por fuera) podrán frenarte, pero tu mundo interior jamás se detendrá. Serás una enciclopedia de sensaciones, y cada persona será un libro abierto. Comprenderás hasta lo más incomprensible y siempre leerás entre líneas porque, borracho de curiosidad, seguirás desgranando nuevos capítulos en las páginas de la historia viva.

Lee, y serás libre. Podrán atarte de pies y manos, atenazarte a una realidad ingrata, y las palabras serán tu pasaporte gratuito a Nuncajamás. Lee, sigue leyendo, y nadie podrá hacerte prisionero de otras palabras. Serás tan rico que apenas necesitarás nada.

Lee, lee y tendrás voz propia. Y nunca envejecerás.