Cazadores ecológicos ¿¿Cazadores ecológicos??

25 de marzo de 2014

El arte de la cinegética se cultiva desde los albores de la humanidad hasta nuestros días, en los que apenas se ha visto modificado el ritual para lograr la pieza más suculenta. Los cazadores lo arriesgan todo para llevarse algo a la boca. En efecto, los grupos de homo sapiens se camuflan con raros atuendos y ejecutan danzas tribales, bebiendo néctares sagrados de a 12 euros el gin-tonic (vodka, en breve. Lo dicen los modernos).

Los cazadores siguen a un macho alfa (o hembra) dominante, un ser humano ceji-fino, pasado de rosca y pasado por cera. El humano líder prepara el ataque hinchando el pecho y emitiendo aullidos; otea la oscuridad y frota su pelvis para marcar territorio. Sus presas lo miran con sorpresa, sin saber cómo reaccionar. Es el momento de confusión en el que intentan huir al servicio; y es justo en este instante de despiste cuando el grupo de homo sapiens asalta a sus víctimas con movimientos de cadera aprisionantes. Las presas escogidas suelen ser las más débiles de la manada; abandonadas a su suerte por el clan tribal o por el chupito de la inconsciencia. Si se tambalean o caen al suelo están irremediablemente perdidas: cuando recobran el conocimiento ya es demasiado tarde… y aparece una amistad nueva en Facebook. Y quizá el ataque quede retratado en la pintura rupestre del etiquetado. No hay piedad en la sabana. Ni en la sábana.

El ritual se puede llevar a cabo en otros entornos, como bibliotecas públicas o festivales benéficos, pero el índice de éxito es muy bajo (demasiada luz, demasiadas neuronas funcionando). La caza la llevamos en los genes, ¡y pobre de los que no cacen o no se dejen atrapar! Ellos se pierden la única acción cinegética en la que, con suerte y simpatía, lo máximo que se puede perder es vergüenza y ropa interior.

Los animales son otra historia, ellos pierden mucho más. La existencia.

Y no se puede negar que hay cazadores responsables a los que les gusta la naturaleza, la disfrutan y comprenden… hasta cierto punto, porque a los profanos nos resulta desquiciante esa cosa de disfrutar de la vida matándola. A ellos, a los concienciados, les dedicamos estos consejos para que su ocio sea más ecológico.

Galgo Cooliflower Original by Jan Eduard

-Escoge las especies. En algunos países la caza es obligatoria para controlar animales que se consideran auténticas plagas, como es el caso del conejo en Australia. Si has de cazar, que sea por un buen motivo. Controlando especies depredadoras, se equilibra el ecosistema.

-¡Escoge las especies! Si te da un ataque de idiotez y te ves tentando de matar o molestar una especie protegida recuerda que en España te puede llevar dos años a prisión, y/o a pagar una multa de hasta dos millones de euros.

-Munición, más peligrosa de lo que parece. Las aves que ingieren perdigones se contaminan de plomo, y la caza que se cocina llega al estómago humano. Mientras la Real Federación Española de Caza se decide a lanzar la patente mundial de munición ecológica –un lustro,  y todavía no hay fecha de lanzamiento- controla tus disparos. Cada perdigón es una píldora venenosa.

-Cuida a tus perros. No creemos que seas de esos que ahorcan a sus galgos cuando bajan el rendimiento; si fueras de esa calaña, seguramente ni sabrías ponerte los calzoncillos del derecho, y mucho menos leer. Los perros son unos nobles animales que lo darían todo por ti: corresponde a ese amor incondicional.

-Intenta hacerte con un ejemplar del: “Manual Ecológico del cazador” (Eduardo Coca Vita), editado por la Fundación Biodiversidad.

-Por último… Dispara, mejor una cámara réflex. Prueba a cambiar la adrenalina de la muerte por la emoción de capturar vida.