Testado en personas con sentimientos

12 de marzo de 2013

“En principio, y estrictamente hablando, los animales no tendrían derechos, a la par que tampoco tendrían obligaciones  ya que al carecer de libre albedrío y capacidad de decisión, no podríamos considerarlos sujetos éticos capaces de discernir entre el bien y el mal”.

(…) “ni los toros ni el resto de los animales tienen dos de los que son nuestros derechos fundamentales, el derecho a la libertad (…) y el derecho a la vida”.

Toni Cantó, el día que su cerebro cortocircuitó y su apellido fue verbo.

Canis_lupus_pup_closeup Cooliflower

 Los animales no piensan.

 Hasta hace muy poco se creía que los elefantes se comunicaban gestualmente. El característico sonido de trompeta de los paquidermos (barritar) era lo más parecido a una forma de comunicación, simples advertencias territoriales. Así fue hasta que algunos investigadores, perplejos por la capacidad casi telepática de entendimiento en la manada, colocaron micrófonos que captaban sonidos de baja frecuencia. Descubrieron que estos grandes mamíferos usaban un “lenguaje” inaudible para los humanos.

Las sorpresas derivadas del estudio zoológico nunca se acaban: los delfines se llaman entre sí por su nombre propio, “despiadados” animales como lobos, chacales y aves rapaces cuidan de su pareja y sus crías, las hormigas se comunican mediante olores (feromonas) y son capaces de sentir miedo… a su modo. Cada especie vive, siente y padece dentro de las limitaciones de su propio cuerpo. Al igual que el umbral del dolor (y la inteligencia) es distinto en cada persona, los sentimientos por familias difieren de los nuestros. Por eso los animales no piensan… como nosotros: son distintos, que no peores.

 Imaginemos a una especie que hubiese evolucionado cien mil veces por encima de nuestra capacidad intelectual. Imaginemos a seres, invisibles a nuestros ojos, mirándonos a nosotros, humanos, como si fuéramos peces bobos en una pecera. ¿Qué pensarían de nosotros? ¿Nos pondríamos en su lugar, entenderíamos sus razones y razonamientos, con las neuronas que nos ha dado la naturaleza? Sería imposible. El entendimiento humano también tiene fin. Somos tan inteligentes porque nuestra inteligencia se compara y limita con nuestra inteligencia. Somos el tuerto del país de los ciegos.

 Ayer, tras una década desde que se aprobó, la Unión Europea prohibía definitivamente la venta de cosméticos en los que, durante su proceso, se haya experimentado con animales. El libre albedrío humano, similar al animal (nacimos y morimos, lo que hay en medio depende en gran medida de nuestras decisiones) ha dado un paso adelante en la lucha por un mundo más animal. Bien hecho: sigamos trabajando la empatía salvaje, a ver si además de listeza, demostramos sentimientos.

 Nota publicitaria: En Cooliflower somos primos hermanos de Fox Fibre. Este blog vive gracias a sus productos, entre los que se encuentra su sección de cosmética que jamás fue probada en animales (impresionante su crema de manos, testado en este redactor, algo animal). Si te apetece, echa un vistazo aquí. 😉