Mientras lees esto, contaminas

30 de septiembre de 2013

Si te consideras ecológico y eres adicto a conectarte a Internet a todas horas, contaminas más de lo que crees. Incluso se talan bosques con tu ayuda. ¿Lo dudas? Sigue leyendo…

Internet_map_1024 Wikipedia

En el 2009 The Telegraph anunciaba que un par de búsquedas en Google producían el mismo CO2 que llevar a ebullición un calentador eléctrico (la clásica “kettle”). Google renegaba de ese dato e insistía en su compromiso medioambiental. El buscador de buscadores -eso es cierto- disminuye cada año el gasto energético y aumenta la inversión en energía verde. En un solo año, por ejemplo, han descendido el impacto un 32%. Pero, ¡ojo!, es un porcentaje en base al “millón de dólares”, no al uso global o número de usuarios.

El impacto de googlear es mínimo si se contabiliza individualmente. Un usuario medio genera 8 gramos de CO2 al día, son cifras paupérrimas, apenas parecen nada… ahora bien, los adictos a Google (que ahora incluye el portal Youtube) se han disparado; internet ha pasado de ser un elemento de apoyo de la vida real, a ser un modo de vida en sí mismo, con un derroche energético y contaminante tan extenso, tan inmenso, como silencioso. Las cifras, sólo de búsquedas en Google, están ahí. Por ejemplo:

2009: 953.700.000.000

2013: 1.873.910.000.000

¿Qué se puede interpretar? Primero, que casi se han duplicado, y segundo: no aparecen reflejados los canales de video y/o el uso de otros servidores (y servicios) distintos a Google; es decir: los 8 gramos de uso de Google no contabiliza el resto de acciones asociadas a la red.

Aunque cueste asimilarlo, internet no es inocuo para el medioambiente. Conectar con el mundo real es bueno para la atmósfera. Un mundo con más de dos mil millones de personas frente a la pantalla significa contaminar con más de 16.000 toneladas de dióxido de carbono diario, sólo haciendo el idiota un par de horas al día. La moraleja es que racionar (y racionalizar) el uso de la red te hace mucho más ecológico y humano. Y sin plantar árboles ni personas.

(Somos conscientes de la paradoja de que este post lo hayas leído gracias, precisamente, a internet…). 😉