Fumar (de un tubo de escape) mata

10 de noviembre de 2013

SmogNY modified by Cooliflower

María G, falda ajustada y pecho push-up, salió a la calle y no vio la fila de árboles mal podados que bordeaban el paseo a mano izquierda, como tampoco la chica con camiseta de The Cure que lloraba sentada en un banco. María G se fijaba en sus propios pasos, en el ritmo de los semáforos, en los pies, con altos zapatos de tacón (“Manolitos”, los llamaba). Siguió caminando calle abajo. El cielo había adquirido tonos anaranjados caprichos e inusuales; dos aviones habían cruzado sus estelas sobre el firmamento disfrazado, como envolviéndolo para regalo. En un pequeño balcón Sergio J se asomaba, a pecho y pubis descubierto, todavía medio dormido y rezumando lujuria por la noche sin freno y con marcha atrás. Una vecina de Sergio J miraba a cuatro hombres disfrazados de pollos a punto de empezar, petaca en el bolsillo, una despedida de soltero.

María G, miope de jornada definida, no veía nada de esto, porque la fuerza de la costumbre es una ceguera muy tupida, tan densa que no deja ver lo injusto o innecesario. La rutina de María -la tuya, la mía-, hace que una mudanza con grúa sea un hecho insólito o elimina de la vista a un hombre durmiendo en el interior de un banco, irónicamente rodeado del dinero que jamás podrá tocar. La costumbre, costumbrista (no podía ser de otro modo), vive de expertos en Google, seres auto-autorizados que crecen (crecemos) con un licenciatura gratuita de diez minutos en temas que abarcan desde la física cuántica, hasta la cirugía torácica. Un rato delante del ordenador doctora expertos en cualquier materia, listos-idiotas, miopes perdidos con vista de lince.

María G paseaba contenta porque sus niveles de colesterol estaban por los suelos y los de autoestima por los cielos, y se entretenía viendo pasar automóviles. María G estaba al borde de un infarto y lo desconocía, porque los danacoles, el ejercicio moderado y la vida de dientes blancos anunciada por televisión no explica cómo la contaminación te fulmina, te aniquila, te deja seca. Te mata, literalmente.

Qué coches tan bonitos, piensa María G.

El humo que generan los automóviles a partir de  la combustión de derivados del petróleo aumenta los niveles de contaminación y como resultado puede acelerar la ocurrencia de infartos o detonar padecimientos como alergias, afirma un estudio publicado en el British Medical Journal (BMJ).

Los expertos señalan que después de seis horas de exposición a las toxinas contaminantes del humo, se incrementa temporalmente el riesgo de padecer un infarto, aproximadamente en un 5%.”

La OMS declara cancerígena la contaminación atmosférica. Por primera vez incluye la polución del aire entre los agentes causantes de cáncer.“.