Fukushima no existe. Pásame otro puro.

3 de octubre de 2013

En Cooliflower, desde su inicio, nos planteamos lavar la cara de la ecología para hacerla más amena. Pensamos (seguimos pensando) que la gente la rehuía por el mismo motivo que se espanta con la Teoría de la Relatividad: forma parte de la vida, es necesaria, sumamente importante pero se ve lejana, abstracta, de documental de la 2. La ecología es bonita en la naturaleza, en los campos, en las zonas rurales en las que muy pocos residimos. Menos de la cuarta parte de los ciudadanos españoles vive en núcleos por debajo de 10.000 habitantes… ¿En plena naturaleza? ¡Quizá un 5%! Por tanto, en su inicio, nos reciclamos para recuperar a los verdes cosmopolitas. Y concienciar resultó más sencillo de lo que parecía, porque la gente de las ciudades, la que no distingue un pino de una higuera, es la que decide sobre la naturaleza.

Fukushima CooliflowerAsí, con los años, nos dimos cuenta de que todo lo relacionado con la ecología era un ladrillo más de una estructura piramidal, un ecosistema humano cuya cúspide era pura política. Cada decisión, o indecisión burocrática, interaccionaba y provocaba avalanchas  iniciadas con un par de firmas, que finalizaban con grandes problemas aplastando lo que se topaba por delante. Y así continúa. Da igual hablar sobre la destrucción del litoral, la carestía de las energías renovables, la tala amazónica, los alimentos de cultivo ecológico o el aumento de las temperaturas: casi todas las deficiencias han nacido de una decisión de despacho.

Sobre despachos han llegado los terremotos en el Delta del Ebro, uno de los ecosistemas más frágiles de la península. Se iniciaron hace años, con el anterior ejecutivo de marras y su “tirar pa´lante y ya veremos qué pasa”. “El gobierno fue advertido sobre la necesidad de analizar las consecuencias sísmicas de la puesta en marcha del proyecto Castor, el almacén marino de gas situado ante el Delta del Ebro. (…) el Ministerio de Industria desoyó las peticiones autonómicas, según ha explicado esta mañana el consejero de Territorio, Santi Vila.”. Las advertencias pasaron inadvertidas y hoy no hay responsables. Si caen un par de edificios tras los seísmos diremos oops!, y a otra cosa, politosa.

Desde este blog, tan urbanita y pinturero como la ecología real, solicitamos a los políticos (del color que les dé la gana) que confíen en los expertos que sólo airean cuando tratan de justificar decisiones de cromañón. Y que se limiten a hacer lo que saben, la parte legal y ética (si es que saben hacer algo legal y ético). No nos importa si son de izquierdas, derechas o de la esquina inferior según llegas a Cuenca; pedimos, por favor, un mínimo de coherencia y dignidad. La foto que incluimos es del diario El País de hoy. Y porque somos muy pacifistas, de otra manera la soberana colleja a Rajoy no se la quitaba nadie. Se puede ser urbanita, ecológico y político sin ser idiota. En serio.