Construir sin construir

24 de enero de 2013

Asomados a preciosas vistas a ninguna parte, a medio camino entre el parque y la parca, millones de personas disfrutan del mejor edificio ecológico, el más eficiente; (el mío, revolucionario en su dejadez, lleva cuarenta años en pie).

Con el estilo que caracteriza las construcciones que siempre pasan de moda (ventanas tristes, balcones de aluminio, tenderos y tendederos de discordia) las ecourbanitas se saludan por escaleras sin enchufes ni ascensores. Octogenarias de pelo azul se calzan la dentadura postiza para morder el asfalto con zapatillas de andar por brasas. Los parados a tiempo completo, ecológicos como ellos solos (muy solos) se pierden en el portal pidiendo terceras, cuartas y quintas oportunidades. La vecindad huele a guiso de vida a presión y recibo de luz atrasado. El yonqui del barrio se cruza con Elphi, y saluda sin los dientes que perdió en las olimpiadas del noventa y dos. Es la irreductible comunidad sostenible, la que permanece cuando la modernidad marcha hacia verdes jardines con piscina adosada. Los que quedan merecen el premio a la eficiencia anónima. El mejor edificio ecológico, el más rentable, es el que no se tiene que construir.

Miles de construcciones en España están vacías. La migración urbanística abandona históricas zonas, desfloradas, en hibernación para nuevas cosechas especuladoras. En el centro de Madrid, una de tantas ciudades con monstruos autóctonos, se yerguen monumentos a la hipocresía urbanística, como el famoso edificio de Telefónica a la espera de demolición u ocupación rentable. Es más vistoso construir edificios de última generación, proyectos sostenibles para un futuro mejor, que es todo futuro proclive a las inauguraciones de bombo y platillo. Los costes energéticos, el precio del solar y la ocupación de terrenos escasos y, en ocasiones, protegidos, se obvian para el marketing final de nuevos colonos. El pasado es un edificio vacío, tirado como un gigantesco envase sin reciclar.

Sólo el estado posee 53.124 inmuebles, de los que no existen datos fiables (por inmueble se puede entender casa, piso… edificio entero). Por no utilizar calculadora (estarían actualizando Facebook), ni tan solo el gobierno se ha molestado en incluir en las estadísticas cuántas de las cifras de ladrillo están vacías.

Será que en Cooliflower somos algo retrógrados. Creemos que lo antiguo puede ser remozado para una mayor eficiencia energética; pensamos que es más barato aislar ventanas y añadir placas solares que construir desde cero. Somos de los raros en defender que las nuevas construcciones no podrán ser ecológicas, por muy ecológicas que sean, sin aprovechar lo existente.

Con miles de propiedades vacías: ¿Es la construcción ecológica constructiva?