África y el último que decide

20 de junio de 2013

Los ingenieros de mundos repartieron los roles después de plantar césped en los montes, gastar una fortuna en rellenar océanos y pintar el cielo de azul (iba a ser magenta, pero había excedentes de cian. El color original se guardó para atardeceres románticos). Llevaban algo de prisa; se habían dejado llevar con el Amazonas y Madagascar.

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Empezaron por el hemisferio norte, bastante más soso que el sur. “Enriquezcamos las vidas de estos blancuchos”, pensaron. “Démosles mejores papeles. Se nos fue la mano con la gaita, la música folk y los culos de carpeta, pobrecillos…”.
La población hizo cola, guardando la vez. Hubo retrasos; En Grecia e Italia surgieron problemas con los revendedores de roles. En España les robaron hasta el cobre de las brochas. Llevó su tiempo. Una vez finalizado el reparto, nada sencillo, fueron al hemisferio sur, pasando por África, la zona más verde y divertida, con las pocas vacantes disponibles. A la mayoría se le asignó el rol de figurante fibroso. Los ingenieros de mundos debían marcharse a Ganímedes en un cuarto de hora, así que repartieron al azar lo que quedaba y así resultó: hubo sicópatas erigidos presidentes, y numerosos criminales burócratas que pronto hicieron buenas migas con sus homólogos-mongólogos norteños.

El resultado de la mala gestión de roles, del papel puramente administrativo en África fue, y es, terrorífico. La deforestación por tala indiscriminada es la causa principal de la degradación medioambiental, y la tala sin control sólo se puede dar bajo una burocracia corrupta. Los ingenieros de mundos (¿por qué no esta leyenda que acabamos de inventar, tan creíble como cualquier otra?) dejaron bosques y selvas impecables con una gestión deficiente y países como Ghana y Madagascar han perdido el 90% original. En el Congo, al ritmo actual, la superficie forestal habrá desaparecido en cien años. La pérdida de vegetación afecta particularmente a las personas fuera de las grandes urbes. En el caso de África es el 40% de la población; el desierto avanza cerca de 8 kilómetros al año. Realmente, las tierras degradadas se pueden recuperar con el sencillo método de reforestar y utilizar agricultura menos dañina. Naciones como Etiopía mejoran su salud de este modo: ¡los etíopes han plantado 725 millones de árboles!

Loa ingenieros de mundos, Dios, La Gran Salchicha cósmica o Gaia hicieron su trabajo, la mano que permite las talas es burocrática.

Nota: Los datos aportados en esta entrada son de la revista “Mundo Negro“. Aunque sea una revista de misioneros y en Cooliflower seamos más de misiones que de dogmas, tiene un contenido magnífico.