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Archivos Mensuales: febrero 2013

La enfermedad de Corcoesto

26 de febrero de 2013

Tagebau Garzweiler

Las ciudades, con los siglos, crecen. Es más: opinan, piensan y respiran niebla matinal. Viven, aprenden en plazas engalanadas y callejones con hedor a orín. Su corazón late con las campanadas de domingo. Están tan, tan vivas que sufren en la adolescencia acné ciudadano. Las ciudades, como cualquier ser vivo no vivo, se hacen mayores de edad. Cuando su pizarra peina canas y los cuerpos de granito son historia, se independizan de los habitantes.

Chuquicamata, Chile 1984Los edificios grises o naranja ladrillo, con ojos entornados al sol, hablan entre ellos con muecas rectangulares, comentan el paso de las estaciones; se cartean con palomas y vuelan bolsas de plástico los días festivos. Cotillean los portales, y observan a los jóvenes meterse mano, escondidos en los guiños de las calles. Las ciudades se preocupan y reúnen por y para sí mismas. Miran por la salud de las construcciones raquíticas, a medio hacer, sin una cucharada de hormigón que llevarse a los cimientos. También ven con buenas ventanas los cielos nocturnos, en las noches de luces apagadas. Y disfrutan de los chopos que adornan el balcón de sus avenidas.

Las ciudades también sufren enfermedades, cepas resistentes de virus mandamases, combatidas con mandamenoses. Los microorganismos son tan resistentes que, en ocasiones, se necesitan miles de anticuerpos recogiendo firmas para atajar síntomas. Algunas ciudades enfermas se prostituyen para llamarse “dormitorios”; otras aúllan, tosen, se quejan y gangrenan de avaricia. Una de las enfermedades enquistadas es el oro (en horas inseguras el oro es valor seguro).

 Por sacar partido a los recursos naturalmente contaminantes, a algunos mandamases el brillo del metal los miopiza, y lo que ya no es explotable, lo será. Y si la ciudad enferma y los glóbulos, variados habitantes de colores, se contaminan, mala suerte.

 “Vecinos de Cereo y Valenza se manifiestan por San Roque en contra de la mina de Corcoesto”. (Leer más).

 “La minería a cielo abierto utiliza, de manera intensiva, grandes cantidades de cianuro, una sustancia muy tóxica, que permite recuperar el oro del resto del material removido. Para desarrollar todo este proceso, se requiere que el yacimiento abarque grandes extensiones y que se encuentre cerca de la superficie. Como parte del proceso, se cavan cráteres gigantescos, que pueden llegar a tener más de 150 hectáreas de extensión y más de 500 metros de profundidad.”. (Leer más).

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El álbum y decálogo sobre el estado de la nación

20 de febrero de 2013

Hoy, día del debate sobre el estado de la nación (más que debate, necesitan un botón de reset) recordamos que los pequeños detalles nos dan la vida… y nos la quitan. Fijaos en las cámaras de fotos. ¿Cómo que qué tiene que ver? Esto es Cooliflower, ya sabéis: Nada es lo que parece…

Debate sobre el estado de la nación Cooliflower

 ¡Mira el pajarito! ¡No, al otro! Ya me subo la cremallera. ¡Qué bonita era la fotografía analógica… ni punto de comparación con la digital! Y nada de calidades y alquimias, texturas o gafapastismo, era mejor porque se hacían menos fotos. Una maravilla, sobre todo para los que, por amistad, teníamos que tragar sesiones de cumpleaños, bodas y bebercios. Un carrete de 36 imágenes inconexas aburre, una carpeta digital con 360 sujetos desenfocados induce a depresión post-parto, aún sin ser madre, calzando escroto.

En la era pre-Instagram, los fotógrafos ocasionales también hacían autofotos horteras e inmortalizaban a “los nuevos amigos majos de nosedónde”; los terroristas del objetivo eran pésimos, como lo son (somos) ahora, pero la tortura para el espectador se acortaba por coj carretes. Antes de hacer “clic”, había que decidir si la imagen merecía la pena. El espacio mandaba sobre la elección artrítica: ¿Bodegón de menú continental, escote quemado o familiar borracho? Mejor la impronta del artista: el universal sol naciente del dedazo sobre el objetivo. Artistas somos todos, cuando nos quitan la medicación. ARCOmadrid, apuntad el eslogan para la próxima edición.

 La fotografía amiga, con sus pequeños detalles, es enemiga natural de la amistad (NO, no queremos las fotos de la fiesta de la prima de tu amiga la del moño). En general, todos los ofrecimientos amistosos que parten desde el “yo” profundo son irritantes. Es más sano ofrecer momentos a medida, retratos que nos retraten.

 Después de un año de gobierno de colegueo, mostrando imágenes de fiestas privadas, Greenpeace, Intermón Oxfam y Amnistía Internacional se han puesto de acuerdo para que en el Debate sobre el Estado de la Nación dejen de enseñarse álbumes y sobres de borjamaris y se cuestionen qué tipo de nación están creando. Los retratos —pequeños-enormes detalles grises mate— se presentan en forma de decálogo, para que los partidos políticos no puedan aducir suspenso en conocimiento del medio.

Las sugerencias entregadas a Rajoy (ver carta completa aquí), tras el salto. “DECÁLOGO FRENTE A LA CRISIS: LAS PERSONAS PRIMERO”.

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El amor es idiota

11 de febrero de 2013

Gestos, movimientos, medida de hombros y caderas, simetría del rostro, brillo del pelo… y ese olor; cada persona con un aroma diferente, una fragancia que los hipotálamos saborean en su exquisita cata oculta. Datos interpretados de manera individual, en claves únicas para cada cerebro. Suenan los violines y las violas quieren ser verbo, y el cóctel de física y química, aliñado con convenciones sociales, atavismos (juventud, seguridad) traumas, recuerdos y la sal del narcisismo (me recuerdas a mí) activa las alarmas de la idiotez: ¡Mierda, me estoy enamorando!

 Cooliflower San ValentínEl chute químico de dopamina, noradrenalina y feniletilamina coloca al ser humano al nivel de chavales con sobredosis de chuches. Hiperactividad, taquicardia, falta de atención… Da igual si Cupido te ha endosado una mezcla de orco y pez espada: los niveles de serotonina disminuyen y el mundo desaparece; sólo tenemos ojos, memoria y sexo para él/ella. El amor de flechazo es un estado alterado de estupidez obsesivo-compulsiva de duración limitada, similar al de los consumidores de cocaína. Y aún así, es bonito… o desesperante, cuando llega el maldito san Valentín.

El 14 de febrero es una pistola en la sien del “me quieres” con su conciso y perverso libro de instrucciones: ¿Tienes pareja? Demuestra que aún te importa; en caso de futurible medio polvo, pulsa el botón del “aquí te espero, bien caliente”. Si amas en la distancia y tus sentimientos no son correspondidos, desaparece del mundo, miserable. San Valentín es el gran día… de los centros comerciales. Amar es no decir nunca “números rojos”.

Como el amor es idiota, y es un hecho que no cambia desde que todo el cuerpo de nuestros ancestros era una ceja infinita, insistimos año tras año: hay días suficientes como para demostrar a un ser querido lo que importa. Si quieres regalar algo, invierte en ternura, risas, paciencia, comprensión y apoyo, porque la pasión sigue su propio camino. Si lo aplicas, si aprendes a querer de verdad, quizá encuentres el verdadero amor de tu vida cuando los niveles del chute químico disminuyan. Serás consciente de que, camas aparte, detrás de ese bonito culo que no siempre lo será, hay una persona a la que admirar, alguien con quien compartir una vida. O dos.

(No hay nada más ecológico que ocultar la tarjeta de crédito y enseñar el corazón).

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El coche que plantaba árboles

6 de febrero de 2013

Desde el principio de los tiempos, en busca de explicaciones, el ser humano inventó historias para razonar aquello que escapaba a su comprensión. Con el desarrollo llegó la urbanización, y con los urbanitas los cuentos de viejas se hicieron cuentos de jóvenes, de difusión rápida y apócrifa. La ecología arrastra sus propias leyendas urbanas, especialmente con medios de transporte.

¿Cuán verde ha de ser un coche para ser verde? ¿Pueden ser los automóviles eléctricos malos para el medioambiente? ¿Y los deportivos plantar árboles? La respuesta a todo, a continuación.

¿Cuán verde ha de ser un coche para ser verde?

La huella antiecológica empieza en la cadena de producción de un vehículo, partiendo del suministro eléctrico de la fábrica; puede provenir de una planta de energía solar… o de una central térmica. Quizá desde una central nuclear, que genera vapor de agua, pero residuos radioactivos. La única forma de saberlo es a través de la transparencia radical de Goleman (acceso total a la información completa del proceso de fabricación y distribución de los productos). ¿Para cuándo una normativa en este sentido?

El impacto de los gases efecto invernadero lo determinará el tipo de materiales utilizados y la laboriosidad en el proceso de producción. En este artículo del 2010 se ve la gran diferencia entre el CO2 producido durante la fabricación de distintos modelos (Citroen C1: 6 toneladas, Ford Mondeo: 17 toneladas o Land Rover Discovery: ¡35!). Si un coche puede generar al año 4-5 toneladas de CO2 en carretera, el conductor de un C1 contamina menos en carretera —durante años—, que un comprador de Land Rover Discovery… ¡antes incluso de estrenarlo!

¿Pueden ser los automóviles eléctricos malos para el entorno?

En general, siempre serán más beneficiosos para el medioambiente, aunque hay que considerar el proceso de fabricación comentado anteriormente. ¿Cuál es el problema, Os preguntaréis? Baterías. Se fabrican con materiales como litio, cobre o silicio. Sumando el obligatorio cambio de baterías cada cierto tiempo, algunos coches eléctricos pueden duplicar en su fabricación la emisión de gases de un automóvil de gasolina. Según un estudio del gobierno del Reino Unido, habría que recorrer 129.000 Km para empezar a ahorrar dióxido de carbono.

El futuro, de momento, parece reservado a los coches híbridos o eléctricos con asistencia, como el Chevrolet Volt, coche del año. Un fantástico vehículo… tan fantástico que cuesta como cuatro de gasolina.

Queridos fabricantes de coches ecológicos para gente con pasta: el equipo de Cooliflower admite regalos. Somos muy verdes.

¿Pueden los deportivos plantar árboles?

No literalmente, aunque sería increíble ver a Fernando Alonso por el monte, con una pala. Sueños idiotas aparte, hay iniciativas que compensan mucho CO2. Bosques Sostenibles ha plantado 18.000 árboles en la zona de Valdeolea (Cantabria) que fue afectada por un incendio. La plantación forma parte de una campaña de Volkswagen de compensación de gases de efecto invernadero con reforestación. ¡La marca alemana hasta cuenta con dos bosques corporativos!: “En el monte de Cos, en el municipio de Mazcuerras (Cantabria), han sido plantados ya 20.000 abedules, hayas, castaños y avellanos, mientras que en Herrera de Pisuerga (Palencia), la llegada de casi 35.000 árboles han dado vida a lo que fuera un viejo vertedero.”.

A falta de automóviles ecológicos, buenas son las medidas corporativas. (Psssh… Señores políticos. ¿Qué tal medidas tipo “100 votos, un árbol? De nada. Mejor que sobre, que no que falte).

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Alta fidelidad

2 de febrero de 2013

Es curioso; hay un departamento en cada gran empresa llamado “fidelización”, a veces conocido, en jerga de vejiga marketiniana, como “retenciones”. El funcionamiento interno es así: cuando un cliente, saturado de engaños, promesas incumplidas y desencuentros se quiere marchar aparecen ellos, amables y cordiales, para ofrecer una compensación por las descompensaciones. Los encargados de “fidelizar” viven de cada cliente convencido para quedarse. Son amantes incorpóreos, viviendo al límite de la ruptura sentimental-mercantil. Si sigues conmigo te daré descuentos, tostadoras, un huevo duro… lo que quieras, amor, pero no me dejes, ¡oh!

Algún día un auditor despabilado echará mano de la calculadora y descubrirá que el porcentaje de abandonos se podría solucionar con cuidados diarios. Ése tipo listo con sumas, insumos, restas y restos, plasmará en un informe cómo es más sano —y rentable— cuidar a los clientes ya establecidos, antes que captar a nuevos. Hasta que ese momento llegue, el dicho de “prometer y prometer hasta meter, y una vez metido, nada de lo prometido”, seguirá siendo la razón de ser de los negocios. Salvo bajo amenaza de abandono; entonces llegará el desgarrador “Ne me quitte pas”.

El método anteriormente descrito parece basado en las relaciones. “La fidelidad” del noviazgo sirve para acotar los genitales del/de la churri de turno. Se puede convivir con una persona profundamente boba, insulsa, desagradable y con menos sensibilidad que un tubo de escape. Todo es perdonable si de cintura para abajo se mantiene la exclusividad. Ser leal es firmar un contrato de permanencia, las condiciones son lo de menos. Si todo falla, ya aparecerán rosas, bombones, sesiones de teatro y cesiones de piel. El departamento de “retenciones” del corazón llega tan tarde como el de las empresas.

 

La peor fidelidad, no obstante, es la fidelidad incondicional a las ideas que lleva a mantener credos y creencias razonables o irrazonadas, cueste lo que cueste. Ser fiel a uno mismo puede ser tan provechoso como perjudicial, si no hay opciones para renovar ideas preconcebidas. Y qué días estos para dejar de fidelizar ideas.

Vivía con la idea de que la contaminación era responsable del cambio climático y, por supuesto, muy perjudicial, y un día la OMS revela que la polución daña la salud más allá de extremos imaginables. Arteriosclerosis, diabetes, subdesarrollo neuronal, niños asmáticos en lugares con tráfico rodado… Y España, este bendito desconcierto, es uno de los 17 países que será sancionado por incumplir la normativa que obliga a reducir las partículas en suspensión ¿quién lo diría, en un lugar que se cree civilizado?

¿Y quién le hubiera dicho, a un amante de los gatos, que son una amenaza real para la vida silvestre? Un informe destapa cómo miles de millones de animales mueren por culpa de los gatos. Hasta 33 especies se han extinguido con ayuda de estos apacibles felinos. Y tras leerlo ya no sé cómo ser fiel a mí mismo. Miro a mi Crispi y a mi Panchita, con sus dulces maullidos y correrías nocturnas y pienso que al final, como yo, como tú, como todos los seres vivos, son víctimas de la fidelización a su propia naturaleza.

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