Plántame (again), te doy permiso

10 de abril de 2012

Era Nochevieja, clorofílico perdido. Fue la primera vez que me plantaron bien plantado. Había quedado con el amor de mi vida 4.5 en su fiesta, con esperanzas de aprovechar la mágica noche y labrar en campo ajeno. Lo que no sabía era que la muchacha estaba ocupada con el azadón y la magia de otro: me dieron, literalmente, con la puerta en las narices. Mis raíces se hundieron en el asfalto y miré al cielo frío, tan estrellado como yo. Sin fotosíntesis, violines ni lluvia, me sentí boniato, lechuga y pimiento, sobre todo pimiento por aquello de mi importancia. Plantado e inmóvil, inmóvil como buen vegetal.

Meses más tarde aprendí a plantar a la gente y el malestar fue compartido. Es una de las enseñanzas más estúpidas de la vida, crear abono posterior de la basura anterior, como si la culpabilidad y los malos modos fueran contagiosos. Precisamente, ahondando en la culpabilidad, un día fui citado en un lugar por un motivo económico, y termine en otro distinto por asuntos sentimentales. A eso se le llama trasplantar. En este caso el esqueje necesitó abundante riego para sobrevivir…

Y ahora, otra vez nos han plantado. A Cooliflower, a nivel colectivo, y esta vez estamos contentos. Nos hemos sumado a una iniciativa en la que te plantan por poner un simbolito:

 

“Las emisiones de CO2 que emite un sitio web son de 0.02 gramos por visita. Tomando de media un blog con 10.000 visitas mensuales, un blog emite 2.4 kg. de CO2 al año. Un árbol puede consumir, desde 5 hasta 90kg. de CO2, según su tipo, edad, localización, etc.  Plantando un árbol, puedes compensar de sobra las emisiones que tu blog produce durante unos 40 años de vida que tiene un árbol. Para que tu blog compense el CO2 que emite, PLANTAMOS UN ÁRBOL POR TI y por tu blog gratuitamente.”

 

No todo el marketing es malvado. Visita la página de este proyecto para conocer otros modos de beneficiar al planeta.